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domingo, 20 de septiembre de 2015

Leslie Knope o cómo aspirar a todo en la vida

 
Parks and Recreation es una de las mejores series cómicas que hemos tenido durante los últimos años y sé que somos muchos los que todavía estamos en duelo por su final. Los Emmy han decidido que, por ser este su año de despedida, podían colarla en la lista de nominaciones a mejor comedia como pequeño homenaje, igual que a la siempre fantástica Amy Poehler en la lista a mejor actriz principal de comedia. Y hasta ahí. Porque no van a ganar. Los Emmy son así, rancios y conservadores hasta la saciedad. Quiero denunciar públicamente que una comedia mediocre como Dos Hombres y Medio tenga más nominaciones que Parks and Recreation y también más Emmy (sí, Dos Hombres y Medio tiene Emmys, tratemos de olvidar este ultraje al humor), básicamente porque Parks and Recreation no tiene ni uno. ¡Ni un maldito Emmy! Al menos los Golden Globes el año pasado subsanaron su error dándole a Amy su merecido premio. ¿Que por qué lo merece? Os lo voy a contar.


Una visión buenrollista de la política

Leslie Knope trabaja en el departamento municipal de “parques y recreaciones” (literalmente) en la ficticia ciudad de Pawnee (Indiana). ¿Qué puede tener esto de divertido? Pues mucho, principalmente porque la serie es un cúmulo de personajes tan entrañables como llenos de rarezas y, en este grupo, Leslie Knope es la que lleva la voz cantante como directora adjunta/subdirectora del departamento. Aunque teniendo en cuenta que su jefe es Ron Swanson, un liberal ultracapitalista que detesta el gobierno y el Estado y que hace todo lo posible por no mover un dedo ahí dentro, podríamos decir que ella es la que ejerce de directora durante la totalidad del tiempo. Pero no es que le suponga ningún sacrificio, al contrario. Desde bien pequeñita Leslie sueña con labrarse una carrera en la política, ya que cree en ella como servicio público a la ciudadanía, y es trabajadora y bienintencionada hasta el extremo. ¿Acaso no es ingenuamente adorable?

En realidad Parks and Recreation no tiene mucho de “serie política”, ya que estamos hablando de una comedia, así que lo que impera es la visión de buen rollo y cotidianeidad de los miembros del departamento. Eso sí, todos los proyectos llevados a cabo por Leslie Knope tienen un tinte político, ya que, a pesar de que los ciudadanos de Pawnee tienden a ser bastante caricaturescos y poco agradecidos, ella siempre sigue insistiendo en hacer mejoras en beneficio de la comunidad. Vamos, que no es una política al uso. De hecho es tan optimista, decidida y buena persona, que lo más probable es que a los pocos capítulos ya estéis deseando que le salga todo bien y logre cada uno de sus propósitos. Desde el primer parque que se empeña en construir a partir de un hoyo de tierra gigantesco, hasta su sueño de toda una vida: ser la primera presidenta de los Estados Unidos. ¿Que si lo consigue? Ese ya es otro tema.

Además, Leslie Knope es feminista, al menos si nos atenemos a un concepto “light” o amable del feminismo. Quiero decir que no es un feminismo combativo y excesivamente crítico, que reconozca los mecanismos del patriarcado, sino muy institucionalizado. Leslie admira a las mujeres que han llegado lejos en la política, a través de los diferentes gobiernos, y por tanto persigue un ideal basado en el acceso de las mujeres a esos mismos puestos de poder sin distinciones de género, lo cual es obviamente empoderante, pero simpatizante con esas mismas estructuras de poder y, por tanto, carente de una orientación feminista más plural y rupturista. De todas maneras, es mucho más de lo que podemos decir de la mayoría de las series, y no podría ser de otra forma estando interpretada por Amy Poehler, una de las figuras más destacadas de la actual generación de cómicas feministas.  


Todo esto tiene lógica ya que Parks and Recreation es una serie positiva, un happy place por definición, y eso ha permitido múltiples cameos de personalidades políticas como Michelle Obama, Joe Biden o John McCain. De hecho, la serie escapa de la dualidad entre demócratas y republicanos, que no se menciona en ninguna ocasión, e incluso Leslie Knope decora su despacho con fotografías de referentes de los dos grandes partidos estadounidenses. La única distinción que se realiza es la que enfrenta la visión utópica que tiene Leslie del gobierno como un método para mejorar el mundo con los principios antigubernamentales de Ron, que se define como un “libertario”. Y como ya expliqué en una ocasión, la idea que en Estados Unidos se tiene del libertarismo no es muy semejante a la idea que se tiene en el resto del mundo. A pesar de sus teóricas diferencias, Ron y Leslie desarrollan una profunda amistad a lo largo de la serie, con lo cual, una vez más, se evita el conflicto.

Porque Parks and Recreation es amistad, familia, humor y optimismo, no luchas de poder o diatribas sociopolíticas (para eso ya hay otras series). Con estas armas, Leslie Knope siempre termina inmiscuyendo a los demás miembros del departamento en sus proyectos, que la apoyan por afinidad y cariño. Leslie Knope es pura energía, cree en sus principios, es leal, entusiasta e inteligente y nada la detiene. Por eso hay que defender Parks and Recreation, porque da buen rollo por encima de las ideologías y nos alegra la vida.


Más allá de su primera temporada

A Parks and Recreation hay que tenerla en cuenta como una serie que crece y mejora superando una primera temporada muy poco inspirada. Durante esos seis primeros capítulos la serie fue incapaz de escapar de la sombra de The Office (en principio se había vendido como su spin-off, aunque se desechó la idea, pero el creador y el estilo documental es el mismo), aunque a su favor está que supo reinventarse, aprender de los errores y desarrollar una identidad diferenciada. El punto clave es el episodio 2x01, en el que Leslie casa simbólicamente a una pareja de pingüinos del zoológico de Pawnee, sin saber que ambos son machos y, por tanto, se trata de una boda pingüina gay. Esto le crea problemas, ya que se asume como un declaración pública a favor del matrimonio homosexual, y la enfrenta con la típica asociación de padres ultrarreligiosos que debe tener Estados Unidos en cada pueblo. Leslie simplemente no está preparada para este conflicto, aunque es bastante obvio que por sus principios está a favor de toda medida socialmente igualitaria, pero el problema es puramente político. De hecho, termina en un bar de ambiente cantando y bailando el Poker Face de Lady Gaga. Este capítulo (premiado, por cierto, con un GLAAD Award) es el que informa a la audiencia de que la serie acaba de despegar definitivamente.

A partir de ese momento, se definen mucho más las personalidades de los personajes y la dinámica entre ellos va evolucionando hacia esa especie de grupo adorable y divertido que hace de Parks and Recreation una serie muy fluida, fresca y entrañable. Así, cada personaje destaca por sus propias excentricidades y rasgos cómicos. Leslie es una obsesa de la preparación que es capaz de clasificarlo todo en carpetas multicolores, preparar grandes regalos y fiestas desmesuradas para todos sus amigos y, a veces, hacer gala de una cierta ingenuidad que resulta muy divertida. Pero, al mismo tiempo, la serie no se olvida del lado más humano, como podemos ver en cada una de sus relaciones. Su amistad BFF con Ann es única, Leslie la quiere con locura y la colma de constantes elogios como si fuese la criatura más bella que ha pisado la Tierra. Ron es su otro gran amigo, basando su relación en un profundo respeto mutuo a pesar de sus diferencias políticas y en una preocupación sincera el uno por el otro. El papel de mentora que ejerce con April (a pesar de que a ella le cueste reconocerlo) y la equilibrada pareja que termina formando con Ben son otros dos highlights, ya que es capaz de querer a los demás de manera totalmente genuina, pero sin buscar cambiarlos y respetando sus rarezas. Ésta es otra de las grandes bazas de Parks, por eso logramos cogerle cariño a todos los personajes.


Para conseguirlo, está claro que la serie da algunos palos de ciego. En primer lugar, necesitaban librarse del lastre de Mark Brendanawicz, un personaje insulso e innecesario que yo ni siquiera recordaba que había estado durante dos temporadas completas. Lo hicieron y buscaron sitio a otros como Andy, al principio muy desaprovechado. También dieron más minutos a Jerry y a Donna y empezaron a construir su gran cartera de personajes secundarios recurrentes: Jean Ralphio y Mona Lisa, Joan Calamezzo, Tammy (gran Megan Mullaly), Bobby Newport (lujazo de Paul Rudd) o, cómo no, el omnipresente Little Sebastian. De esta forma, la propia ciudad de Pawnee se convierte en un personaje más, con sus peculiares habitantes, su historia, sus curiosidades y su idiosincrasia. Leslie Knope es la que finalmente le da brillo, la que lucha contra sus leyes absurdas y el escaso reconocimiento del electorado, simplemente porque es su ciudad y ha soñado desde siempre con mejorarla. Con ilusión, convicción y una voluntad a prueba de obstáculos. 

Yo voy a soñar con que Parks and Recreation reciba el reconocimiento crítico que se le adeuda esta noche, aunque todos sabemos que es prácticamente imposible. Pero Leslie Knope puede conseguirlo todo en la vida. Así que, aunque sólo sea por ella y por todos esos años al frente del departamento de Parks and Recreation en Pawnee (Indiana), hoy muchos nos congregaremos esperando que la serie rompa todos los pronósticos y evite el récord de Modern Family o a que Amy Poehler recoja por fin su merecidísimo Emmy al grito de "Paaaaaaaarks!"


domingo, 22 de febrero de 2015

Sheldon Cooper no padece síndrome de Asperger, ¿o sí?


Oficialmente no. El creador de The Big Bang Theory, Chuck Lorre, se ha encargado de dejarlo claro en unas cuantas ocasiones. Pero si analizamos su comportamiento, es bastante evidente que presenta una cierta sintomatología que se podría encuadrar dentro del espectro autista y que es, específicamente, muy descriptiva para lo que se conoce como síndrome de Asperger.

Las características más obvias al respecto se observan en situaciones de interacción social. Es altamente inusual que Sheldon muestre signos de empatía hacia otras personas (volveré sobre esto un poco más adelante), lo que lo conduce a una escasa sensibilidad emocional con los sentimientos ajenos, limita sus relaciones interpersonales e implica problemas comunicativos. Si sois de los que seguís la serie, todos tendréis en mente esa escena en la que Leonard escribe “Sarcasm” en un folio para hacer saber a Sheldon que no se tiene que tomar determinadas expresiones al pie de la letra porque son solamente bromas. La literalidad en el uso del lenguaje es otro de los comportamientos más comunes del Asperger, de ahí que no entienda los matices, ni la ironía, ni los dobles sentidos. En realidad, todo lo que se refiere a la dificultad para seguir determinadas convenciones sociales es una constante en el comportamiento de Sheldon. Es brutalmente sincero (lo que no implica maldad, sino falta de comprensión en cuanto a los estándares de comunicación) y tampoco muestra atención por temas que impliquen algún tipo de relación o interés social.

Sheldon prefiere la soledad y el desarrollo de temas que verdaderamente le apasionen, tan divergentes como trenes, banderas, superhéroes o la Teoría de Cuerdas en el campo de la física teórica. No es para menos con un cociente intelectual de 187. Y aquí hay que hacer una puntualización, ya que existe una especie de mito urbano que correlaciona el síndrome de Asperger con la superdotación intelectual. Es completamente falso. Hasta el momento no se ha encontrado ninguna prueba al respecto y se considera que los pacientes con síndrome de Asperger se encuentran, por norma general, en un intervalo de inteligencia normal. Lo que ocurre es que, debido a la elevada atención que invierten en temas muy específicos, pueden llegar a desarrollar competencias asombrosas en algunas áreas de conocimiento. Es decir, el interés por algo en concreto hace que se focalicen intensamente en ello y acumulen la mayor cantidad de información posible al respecto. El propio Sheldon ha mencionado en la serie que posee memoria eidética, esto es, fotográfica; lo que sin duda redunda en una mayor facilidad para llevar a cabo esta conducta. En resumen, ni una persona con Asperger tiene que ser necesariamente inteligentísima, ni una persona inteligentísima tiene por qué presentar un trastorno de conducta que afecte a sus habilidades sociales, como popularmente se cree a veces.

A todo esto podemos seguir sumando detalles como la falta de destreza motora,  hiperformalidad en el lenguaje, tendencia a la conducta egocéntrica... Nuestro protagonista también posee un pensamiento muy lógico y apegado de forma extrema a la realidad, lo que impide que sea incapaz, por ejemplo, de contar pequeñas mentiras,  guardar secretos o fingir emociones. Así como la repetición compulsiva de actos y rutinas diarias que le generan seguridad y sobre las que no admite ni la más mínima variación (incluso ha hecho firmar a Leonard un contrato como compañero de piso que lo protege ante posibles cambios imprevistos). Cierto es que el síndrome de Asperger se define por un conjunto de síntomas de diferente grado y variabilidad en función de cada persona, pero todas las características citadas (y que, en gran parte, hacen de Sheldon el personaje que conocemos) definen el cuadro clínico de dicho trastorno. Así que igual eso de decir que tiene “sheldonitis” suena un poco a chiste, Lorre.

Dicho esto, tal vez oficializar el síndrome en Sheldon no fuese una opción del todo acertada. Ya hemos dicho que lo han negado por activa y por pasiva, y es que es obvio que caracterizarlo de esta manera restringiría mucho los comportamientos del personaje y podría llevar a ciertas controversias y malentendidos si no se hace una representación adecuada del trastorno. Especialmente si tenemos en cuenta que la evolución de Sheldon (sobre todo en las últimas temporadas) se ha ido alejando del Asperger y que cada vez es capaz de mostrar mayor empatía y afecto (va y viene por momentos) e, incluso, realizar bromas en un tono más sarcástico, lo cual rompería con el diagnóstico.

Mi teoría es que, tomando como punto de partida este trastorno, han elegido varios de los rasgos que más jugo les podían dar a la hora de explotar la comicidad de ciertas situaciones. Tampoco es seguro que hayan querido hacerlo conscientemente, pero el número de evidencias es abrumador. Sin embargo, caeríamos en un error si tomásemos como ejemplo paradigmático a Sheldon Cooper y siempre generalizásemos su personalidad a la realidad del Asperger, ya que en ocasiones se despega de sus características más elementales. Lo que está claro es que The Big Bang Theory es una sit-com bastante típica, que se basa en estereotipos muy marcados a nivel de caracterización. Que extraoficialmente Sheldon Cooper se pueda incluir en este cuadro clínico es interesante, sobre todo porque la reacción de la audiencia es muy positiva y esto contribuye a una mayor visibilización. No sabemos si el personaje realmente está concebido de esta manera, pero a la hora de afirmarlo o negarlo convendría tener en cuenta estas consideraciones.