Mostrando entradas con la etiqueta Representación LGBTQIAP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Representación LGBTQIAP. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de julio de 2015

Sense8: Empatía elevada a la máxima potencia


Ocho personas desperdigadas a lo largo del mundo, cada una perteneciente a una cultura distinta, con un idioma distinto (aunque la serie no lo refleje explícitamente, pero ese es otro tema), habilidades distintas, profesiones distintas, sexualidades distintas... Y que resulta que están interconectadas emocionalmente a través de una especie de sistema nervioso especial que les hace sentir todo lo que sienten las demás y relacionarse mentalmente entre sí aunque no estén presentes físicamente. Sí, señores, esto es ciencia ficción. Cortesía de Lana y Andy Wachowski y de J. Michael Straczynski.

Pero no os engañéis, el alma de la serie radica en sus personajes, más que en su argumento de ida de olla. Realmente la serie se nutre de ellos, de la grandeza de sus personalidades y de sus emociones.


¿Quiénes son los sensates? 

Sun Bak es una mujer de negocios coreana, que vive a la sombra de su padre y en su tiempo libre participa en combates de kickboxing o artes marciales (no tengo claro qué se permite en esos combates organizados ilegalmente, algo de eso es). Su habilidad está clara: el combate cuerpo a cuerpo y patear culos. Literalmente es una badass que en una de sus primeras escenas rompe una mesa de un puñetazo. Os lo digo ya, Sun es la jefa. Y de alguna manera la interpretación del personaje también tiene cierta dulzura y hace que enseguida le cojas un cariño tremendo.

Capheus “Van Damme” es conductor de un autobús en Nairobi, un chaval con una sonrisa gigantesca y que rebosa compasión y amabilidad hacia todo el mundo. Está obsesionado con Van Damme, ve películas de Van Damme, tiene el autobús pintado con imágenes de Van Damme... Y, claro, al final le terminan llamando Van Damme. ¿Qué aporta él al grupo? Conduce como quiere y tiene truquillos mecánicos para arrancar vehículos. Esto es útil porque la serie tiene su importante dosis de persecuciones.

Will Gorski es un policía de Chicago que, en cierta manera, cumple un poco el papel de “líder”, sobre todo al ser el primero con el que contacta Jonas (personaje que ejerce como guía) para empezar a explicarle qué le está sucediendo, qué es eso de ser sensate, por qué puede sentir a otras personas perdidas por el mundo y demás. Un personaje con cierto complejo de héroe pero, sorprendentemente, nada cansino para mi gusto. Al ser policía ya os imagináis a qué tipo de conocimientos y habilidades tiene acceso.

Nomi Marks es una mujer transexual que vive en San Francisco y puede hackear todo lo que se le ponga por delante. Tiene una novia maravillosa que lleva rastas de colorines y se llama Amanita (en serio, ¿se puede molar más que una tía que se llama Amanita?). Sense8 introduce así a una pareja interracial de mujeres, una de ellas transexual e interpretada además por una actriz transexual. Minipunto de diversidad para Sense8. La historia de Nomi está muy inspirada por la propia vida de Lana Wachowski, quitando todo eso de tener un pasado delictivo como hacker a sus espaldas. Nomi y Amanita son adorables hasta puntos extremos, van juntas al desfile del orgullo y Amanita es algo así como la novia perfecta, con madre hippie incluida. 

Lito Rodríguez es un actor mexicano gay que vive su sexualidad en el armario por miedo a perder su carrera. Probablemente es el personaje más cómico de todos, ya que es un tanto melodramático, lo cual hace todavía más sorprendente que esté interpretado por el español Miguel Ángel Silvestre (sí, es el que estáis pensando). No por nada, sino porque yo al menos lo tenía encasillado en otro tipo de papeles y aquí hay que reconocer que hace una interpretación muy divertida y realista. Lo de realista es literal, ya que las escenas sexuales con su novio secreto Hernando llegan a ser bastante explícitas. A Sense8 le importa una mierda y va con todo. Le sigo dando minipuntos por ello. Por cierto, su habilidad es actuar, obviamente.

Kala Dandekar es una joven farmacéutica india que está prometida con un hombre del que no está enamorada. Kala es tan dulce y tan inocente que te dan ganas de darle un besito en la frente de lo maja que es. Equilibra muy bien sus creencias religiosas hindúes con sus conocimientos científicos, aunque esto genera un cierto conflicto externo en su vida. Controla bastante de productos químicos, medicinas y mezcolanzas varias. Ya os imaginaréis la utilidad del tema.

Wolfgang Bogdanow es un tío alemán bastante badass, que está metido en temas un tanto mafiosos relacionados con el crimen organizado y tiene una historia familiar un poco turbia. Sabemos que tiene buen corazón, aunque él no se lo crea tanto. Además del poco pudor de su personaje (sale desnudo integral, lo que es otro minipunto en una industria que tiende a ser sexista mostrando sólo desnudos de mujeres), se sabe que es el que menos escrúpulos tiene, sobre todo si hay que lidiar con cosas complicadas como matar a otras personas, por ejemplo. En él se concentra muchísima acción, tipo explosiones y tiroteos, algo que no puede faltar en el universo Wachowski.

Riley Blue es una DJ de Islandia, pero que vive en Londres y tiene un rollito muy guay, independiente y urbano. En apariencia, claro, porque a poco que veas sus escenas te das cuenta de que lleva una continua carga depresiva encima. Tiene un pasado complejo, que la hace un personaje tremendamente atormentado. Me hacen gracia los que critican a Riley porque dicen que no tiene “ninguna habilidad”. Es bastante evidente que es la sensate más puramente emocional y esto en un grupo de gente que está conectada emocionalmente tiene que ser jodidamente importante. Mi experiencia seriéfila dicta que el personaje más aparentemente vulnerable en un grupo que lucha contra algún peligro, siempre termina siendo el más poderoso. Esto es así y es mi teoría sobre Riley. Además, me parece un personaje precioso e increíblemente sensible.

Estos ocho personajes, que en principio no se conocen, renacen como sensates (sense-eight, ¿lo habéis pillado ya?) y empiezan a tener experiencias sensoriales muy extrañas donde se relacionan entre sí y entrecruzan sus vidas ayudándose unos a otros. ¿Cómo? Compartiendo conocimientos, como ya he dicho, y haciendo una cosa muy complicada de explicar que en la serie llaman visitar; que viene a ser proyectarse de repente en el mismo sitio al mismo tiempo que no se está en ese sitio, una conexión muy extraña que les permite hablarse y tocarse viviendo cada uno en un lugar distinto del mundo, compartiendo emociones colectivas y sintiéndose interconectados como una especie de hidra psíquica de ocho cabezas. Es muy difícil de explicar, lo siento. Hay que verla para entender el proceso.


Una serie sobre emociones compartidas
  
Es cierto que tenemos comedia, acción, violencia, sexo, ciencia ficción... Pero sobre todas las cosas Sense8 es una serie que lleva la empatía hasta el extremo y que, de hecho, brilla precisamente en esos momentos de emociones compartidas. Quizás influya el hecho de que lo normal es encariñarse rápidamente con los ocho protagonistas, lo cual es algo muy difícil de conseguir para una serie. Normalmente siempre existe algún personaje que te saca más de quicio o tienes un favorito muy destacado, pero aquí el nivel de interés y de carisma de cada uno está muy equilibrado, de forma que te preocupas por todos ellos casi por igual. Y es que también es lógico, porque funcionan como un todo. ¿Os imagináis sentir al mismo tiempo las emociones de otras siete personas y que esas otras siete personas sientan las tuyas y te puedan ayudar en los momentos más peliagudos como si fueseis parte de una misma entidad cerebral? Pues esto es lo que explora Sense8.

Para este cometido hay momentos que están muy bien construidos desde el punto de vista escenográfico y también musical. La serie está grabada a lo largo del mundo, es decir, los escenarios en cada ciudad y país son totalmente naturales. Cada vez que los personajes se visitan las escenas están perfectamente montadas para dar sensación de fluidez y de continuidad, aunque supongo que para los actores y actrices grabar las mismas conversaciones en distintos países ha tenido que ser un tanto pesado. Sin embargo, funcionan; y no sólo funcionan, sino que son las escenas más destacadas de lejos. La química entre los ocho sensates es emocionante, se hablan, se entienden, comparten sus experiencias y pensamientos... ¡Hasta tienen una especie de orgía psíquica poliamorosa! Y cuando lo acompañan con una música que encaja, salen cosas tan bien hiladas como ésta (ATENCIÓN, porque es una escena de la serie así que puede que no entendáis nada y que os comáis un spoiler gigantesco):



Paralelamente a las vidas individuales de cada personaje, la serie va descubriendo ese misterio mayor que subyace a la extraña naturaleza de los sensates. Tenemos un peligro antagónico encarnado en un tal Whispers y... hasta aquí puedo contar. Sé que algunos medios especializados han dicho de Sense8 que tenía demasiados fallos y era confusa. No digo que sea una serie perfecta (porque no lo es), pero lo de ser confusa supongo que vendrá de alguien que sólo ha visto el primer episodio, porque no veo por ningún lado que la historia sea difícil de entender. Al menos si le das cierto margen, ya que al principio sí puede resultar chocante (pero ya os he dado las suficientes pistas para que sepáis de qué va el rollo). 

La primera temporada actúa casi como una introducción que nos va presentando a los personajes con continuos cambios geográficos, puede que por eso algunos la vean lenta. Yo ni de coña, la he maratoneado y disfrutado como una niña pequeña. Ya han dejado claro que la concepción de la idea da para cinco temporadas, así que desde aquí pido a Netflix su renovación inmediata. Es demasiado maravillosamente diversa para perderse. Lidia con temas de género, cultura, pluralidad racial, identidad sexual, religión... Aunque en mi opinión cae en ciertos estereotipos culturales que pueden ser problemáticos, sus protagonistas son demasiado interesantes para verse reducidos a ellos. Todo para al final concluir que son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Un mensaje significativo en una serie muy humana.  


domingo, 15 de marzo de 2015

The 100: Decisiones jodidas y muchos ovarios


Cuando empecé a ver The 100 hace creo que algo más de dos semanas, ya había leído cosas francamente interesantes sobre ella: recomendaciones y entradas en blogs que hablaban sobre una serie arriesgada; que, aunque con sus fallos, planteaba dilemas morales complicados; y con un nivel de empoderamiento femenino muy elevado como señalan, por ejemplo, en el El Diario de Mr. MacGuffin o en El Blog de las Series Americanas. Así que allá fui, sabiendo de mi debilidad por toda serie en la que aparezcan mujeres badass.



Prejuicios fuera

De primeras, vamos a dejar algo claro. Por supuesto que The 100 no es una serie como Breaking Bad o The Good Wife, que juegan en otra liga y en otro ámbito. Tampoco es una gran super-producción fantástica como Game Of Thrones. Pero no le hace falta. Es una serie de ciencia ficción joven, entretenidísima y que cuenta lo que quiere contar. Y con eso ya mola mucho. Lamentablemente, carga con el estigma de ser una serie de The CW (casa de múltiples series románticas destinadas a un público adolescente), lo que echa para atrás a muchos que, de cualquier otra manera, ya le hubiesen dado una oportunidad hace tiempo. Obviamente, The 100 tiene cierto tono teen irremediable, ya que sus protagonistas son 100 adolescentes que son enviados de vuelta a la Tierra para testar si es habitable. Pero Buffy Cazavampiros, Veronica Mars o Freaks And Geeks también eran series adolescentes y rayaron la genialidad. Así que haced el favor de dejar los prejuicios en casa.

Porque, probablemente, The 100 tenga más con The Walking Dead o Revolution (y eso que Revolution era más bien mala) que con cualquiera de sus compañeras de cadena. Su argumento nos presenta un mundo post-apocalíptico, donde la humanidad ha tenido que sobrevivir en una estación espacial llamada El Arca durante casi cien años debido a una guerra nuclear mundial que hizo imposible sobrevivir en la Tierra. Al final tienen que volver a bajar, arriesgarse, buscarse la vida como pueden en un mundo que ya les es desconocido y hostil. No me digáis que no veis el parecido. Aunque si es hija de alguna serie, definitivamente ésta es Lost. Bebe de ella, pero sin que sea necesario dar vuelcos locos de guión para sorprender con cliffhangers en cada capítulo. Al contrario, lo que ocurre es que las líneas argumentales se llevan siempre hasta el final. En las dos temporadas que llevamos se cierran unas tramas y se abren otras, en lugar de superponerse cada vez más misterios irresolutos. Y con un ritmo envidiable, ya que pasan cosas relevantes en cada capítulo. Tal vez influya que el número de capítulos por temporada es el adecuado y no necesitan meter episodios de relleno, pero se agradece.


La supervivencia ante todo

La serie empieza dubitativa y con algunos momentos clichés desesperantes en los primeros compases, es cierto. Pero nunca deja de ir a más, crece a medida que su protagonista Clarke Griffin también lo hace. Y, con el tiempo, nos damos cuenta de que la única constante es la necesidad de supervivencia y de que lo que creíamos de unos personajes o de otros, no era lo esperado. Aquí todos son personajes grises y moralmente ambiguos, que se ven obligados a hacer lo que sea para sobrevivir, a tomar decisiones difíciles y a madurar a golpe de muerte (ya os digo yo que la serie no tiene miedo de matar personajes si así lo cree necesario) y sufrimiento. No hay buenos y malos; y esto Clarke termina entendiéndolo, aunque sea a las malas.

(Nota: A partir de aquí meteré algún que otro SPOILER, andaos con ojo.)

En la primera temporada presenciamos la toma de contacto de estos jóvenes “delincuentes” (encerrados en celdas del Arca por haber cometido algún tipo de delito) con la superficie de la Tierra, the ground que le llaman. Una parte cree que ahora que están allí pueden hacer lo que quieran, con eso de ser los primeros humanos de vuelta a la Tierra y poseer la libertad de no ser controlados por leyes y adultos. Así que Bellamy Blake toma el mando, quiere hacerse el machito y piensa que todo va a ser jauja allí abajo. Craso error. Aunque la radiación no les afecta, pronto descubren que hay muchos otros peligros. El primero y eje sobre el que gira la trama de esta temporada: que no están solos.

Los grounders llevan viviendo allí todo ese tiempo, han logrado sobrevivir y, quizás por ello, sus costumbres son duras y violentas. Es la única forma que han encontrado de salir adelante. Son una sociedad de tipo tribal, con su propio idioma, jerarquías y normas; en donde la lealtad y la supervivencia del grupo están por encima de todo. Así que los sky people (como los llaman) son una amenaza para ellos al haber ocupado su territorio. También están los reapers (¿homenaje o plagio a los reavers de Firefly?), una suerte de pseudo-tribu caníbal muy peligrosa. En medio de este panorama, Clarke empieza a ganar terreno sobre un Bellamy al que todo se le va de las manos. Su liderazgo innato e inteligencia, así como ser la única con ciertos conocimientos médicos, la convierten poco a poco en la verdadera guía de los 100.

Paralelamente, vemos qué ocurre en El Arca y además se nos muestran flashbacks para conocer el pasado de los personajes. Allá arriba, Abby Griffin (madre de nuestra prota), Thelonious Jaha (canciller) y Marcus Kane (un personaje tan capaz de lo peor como de lo mejor) tienen sus más y sus menos, los problemas se recrudecen y también allí se pelea por la supervivencia. No queda otra, por supuesto los del Arca también terminan por tocar tierra firme. La humanidad ya está en “casa”.

Pero nada es fácil, los guionistas lo tienen claro. No es una serie fan-service que pretenda contentar a su audiencia. La gente muere, los romances (que tienen su cuota) pasan a un segundo plano y quedan supeditados al desarrollo de la historia. Es interesante ver el cambio que se va operando en cada personaje a medida que se enfrentan a los problemas: la evolución de los Jasper, Octavia, Finn, Murphy... y, sobre todo, de un Bellamy al que pronto la realidad obliga a poner los pies en la tierra para acabar convirtiéndose en el importantísimo segundo líder que el grupo necesita. Porque Clarke va antes, es el cerebro de todo. Hasta los políticos que llegan del Arca terminan dándose cuenta y son los grounders los que demandan hablar con ella cuando se organiza un encuentro entre líderes.

The 100 está lejos de ser una serie perfecta, pero sí es una serie ambiciosa que no teme mostrar sangre y escenas físicamente dolorosas, que se las arregla para engancharte desde casi el principio y que pone al límite a sus personajes ante disyuntivas casi imposibles.


Los ovarios encima de la mesa


Así de claro. Porque al menos tenemos algo positivo en un mundo tan hecho mierda como este: Que no importa el sexo, la orientación sexual o el color de tu piel. Sólo importan tus méritos, tu esfuerzo, el que seas lo suficientemente fuerte y valiente para sobrevivir. Se trata de no morir y todo lo demás es irrelevante (de esto nuestro mundo bien podría aprender algo). Y en oposición a vete tú a saber cuántas series, en The 100 son ellas las que ocupan casi todos los puestos de poder y manejan el cotarro.

De Clarke ya está todo dicho. Pero también tenemos a Octavia Blake, que empieza casi como una niñata pseudo-rebelde con ganas de hacer lo que se le antoja (al conocer su pasado se entiende el por qué), para terminar convirtiéndose en toda una guerrera. Comparar los primeros momentos de Octavia en la Tierra con los últimos en los que, con su pintura de guerra puesta, patea culos muy locamente, es revelador. O Raven Reyes, un prodigio de conocimientos mecánicos y técnicos que es capaz de hacer bombas con un líquido combustible de la nave o soportar el dolor de una cirugía sin anestesia. Abby no se queda atrás y decide que tiene que hacer lo que sea por su hija, se enfrenta a los jefes y termina siendo más respetada por su propio pueblo que ellos.

En las filas contrarias también encontramos una gran cantidad de mujeres fuertes, independientes y poderosas al mando. Aunque presentados inicialmente como “enemigos”, los grounders tienen una importancia crucial en la historia y enseguida nos ganan una vez los conocemos desde dentro. Es ahí donde aparecen Anya, Indra y, sobre todo, Lexa. Como comandante y líder de los grounders, Lexa siempre pone a su gente primero, a su pueblo. Es su responsabilidad. Con la trama de Mount Weather en la segunda temporada, Lexa descubre en Clarke a una líder natural como ella. Se respetan mutuamente, se admiran y, en última instancia, confían la una en la otra. Clarke es capaz de ver a través de Lexa, descubriendo a una comandante que, a pesar de su aparente frialdad y dureza, semeja más flexible y abierta a colaborar en lugar de guiarse siempre por las violentas costumbres de su gente. Tanto que es la única piedra sobre la que se sustenta la unificación de los doce clanes grounders. Lexa ve a través de Clarke de la misma manera, sabe que haría cualquier cosa para proteger a sus amigos; y la comandante le hace ver que no hay decisiones buenas o malas, sólo decisiones y consecuencias a menudo dolorosas y brutales. Lexa es capaz de renunciar a sus sentimientos y dejarlos de lado con el objetivo prioritario de defender a su pueblo, por difícil que le resulte. Clarke comprobará que ella también.

Si The 100 estuviese emitiéndose en otro canal, ya se estaría hablando de ella como una de las mejores series de ciencia ficción de los últimos años. Estoy segura. Sobre todo tras esta segunda temporada, en la que Clarke Griffin se ha coronado como un personaje más oscuro y carismático, la líder nata que todos esperábamos, que hace lo que sea por los suyos, la única capaz de forjar alianzas, de tirar del carro en los momentos duros, que se ve obligada a asesinar, que aprende sobre la traición y el sacrificio, que termina jodida y literalmente se marcha diciendo “yo cargaré con ello para que no tengan que cargar los demás”. Confirmada está la tercera temporada.

May we meet again, Clarke.



domingo, 22 de febrero de 2015

La serie que no sabías que te estabas perdiendo



He tratado de dejar pasar un poco el tiempo para ganar perspectiva y no hablar desde un punto de vista demasiado fanático (por reciente). Y ni así. The Legend Of Korra tiene todo lo que una gran serie debería tener. ¿Su mayor desventaja? Que se trata de una serie de animación emitida por Nickelodeon. Ahí está el motivo por el cual muchos no habréis oído hablar de ella. Pero empecemos por el principio. 
 

La leyenda del Avatar

Esta serie es la continuación de Avatar: The Last Airbender, que ya nos presentaba este mundo ficticio y seguía la historia de Aang, un chico de 12 años que debía traer el equilibrio y la paz a un mundo plagado de conflictos. Este es básicamente el papel del Avatar en todas sus reencarnaciones (cada nuevo Avatar es una persona diferente pero, al mismo tiempo, está ligado espiritualmente a sus “vidas pasadas”), para lo cual cuenta con una capacidad única: el control de los cuatro elementos de la naturaleza; tierra, agua, fuego y aire. A pesar de que existen maestros de cada elemento y sub-elementos derivados, sólo el Avatar puede controlarlos todos e incluso entrar en una especie de fase mística poderosísima llamada “estado Avatar”.

Korra representa el siguiente eslabón de la cadena y, por tanto, su historia se rige por las mismas leyes naturales. El mundo es el mismo, aunque con una presencia mucho mayor de la tecnología y la industria como consecuencia del paso de los años, lo que sirve para explotar una cierta estética steampunk, que se suma a la ya presente estética de herencia oriental que posee la serie. No sólo el estilo visual tiene una clara influencia de la animación japonesa, sino que la construcción de la sociedad tiene mucho del modo de vida oriental. Incluso las diferentes técnicas para el control de los elementos (lo que en la serie denominan bending) están basadas en los movimientos de cuatro artes marciales distintas: Tai Chi, Hung Gar, Shaolin del Norte y Pa Kua Chang.

En oposición a la leyenda de Aang, que quizás tenía un tono más infantil por la edad del personaje, aquí nuestra protagonista está en plena adolescencia. Diecisiete añitos tiene la muchacha al principio de la serie. Tal vez por ello puede resultar tan cabezota e impulsiva de primeras, aunque también muy valiente y segura de sí misma. De las cuatro naciones que conforman el planeta, Korra pertenece a las Tribus del Agua, en donde ha vivido hasta que la conocemos en el primer episodio. Para continuar con su aprendizaje como Avatar, se muda a Ciudad República, una metrópolis inmensa que ejerce de capital y que nos traslada a un mundo eminentemente urbano y mucho más moderno que el que descubríamos con Aang. El mayor problema de Korra es que no es capaz de ser maestra de aire y vive bastante desconectada de su parte espiritual. Y esto es fundamental, ya que el Avatar es el puente que une el mundo material con el mundo de los espíritus. Sin él, el equilibrio peligra. Así que toca madurar y, para ello, The Legend Of Korra no tiene miedo de tocar todo tipo de temáticas e ir construyendo, poco a poco, a un personaje tan errático como profundo y apasionante.
 

Temas adultos en una serie para ¿niños?

Es muy discutible tratar The Legend Of Korra como una serie infantil, a pesar de haber completado sus cuatro temporadas en Nickelodeon. Sus co-creadores, DiMartino y Konietzko, parecen haberse aprovechado del crecimiento natural de su audiencia en The Last Airbender (que, aún así, ya había llegado a un público mucho más amplio y heterogéneo del esperado) para ir un pasito más allá. No me hago responsable de los posibles SPOILERS que encontréis a partir de aquí.

Si hay algo que exploran continuadamente es el concepto de poder. Tanto por parte de Korra, que debe percatarse de las responsabilidades y consecuencias que conlleva ser el Avatar, como por parte de los enemigos a los que se enfrenta. Así, cada uno de los villanos de cada temporada anhela el poder de diversas formas y con propósitos muy distintos. Son bastante evidentes los paralelismos que se trazan con algunas ideologías políticas: Amón con el comunismo, Unalaq con la teocracia, Zaheer con el anarquismo y Kuvira con el fascismo. Cabe decir que no estamos hablando de una representación abiertamente planteada, sino de detalles. Como era de esperar, tratándose de una producción estadounidense, caen con facilidad en la demonización de lo que se opone al modelo sociopolítico imperante. Por ejemplo, cuando reflejan la “anarquía” de Zaheer (él mismo usa esta palabra en una conversación), lo hacen desde el punto de vista mal entendido y extendido en la sociedad de que es una ideología basada en el caos. Sin embargo, es interesante cómo plantean que lo que está mal no son los ideales que mueven sus acciones, sino los métodos empleados y cómo las ansias de poder pueden llevar a su propia destrucción. De hecho, es Tenzin quien hace ver a Korra (en su rol como mentor) que Amón buscaba la igualdad o Zaheer la libertad, y que es necesario que también aprenda de sus adversarios. Incluso Kuvira, que está como una regadera, sirve de propósito a Korra para desarrollarse completamente como Avatar y aprender a mostrar compasión incluso hacia aquellos que no se la merecerían. Todos son antagonistas complejos y carismáticos, que suelen ir más allá de la dicotomía clásica entre el bien y el mal, lo cual aporta un grado de profundidad bastante alejado de las típicas historias de aventuras para niños.

Las grandes ciudades también destacan como centro de poder y en ellas somos testigos de intrigas políticas, disturbios y complicaciones derivadas de los métodos de gobierno o del estatus maestro-no maestro en que se divide la humanidad. Las desigualdades entre capas sociales son un hecho tangible. Sin ir más lejos, dos de los personajes principales (Mako y Bolin) crecieron como huérfanos, durmiendo en la calle y comiendo, literalmente, basura. Esto se contrapone con el modo de vida de personajes más elitistas que bien pueden representar los excesos del capitalismo y la monarquía.

A pesar de que he leído a gente algo desencantada con The Legend Of Korra porque antes habían visto la historia de Aang y encontraban el salto en el tiempo muy brusco, planteando una sociedad no tan espiritual, creo que esto permite explorar otro tipo de temas más maduros. Sin restarle méritos a Aang, que se desarrolla en un mundo en guerra y también tiene que lidiar con problemas adultos, el progreso científico en Korra choca con la tradición del Avatar en algunos aspectos. Se nos plantea una disyuntiva que, en cierta manera, se va resolviendo con el tiempo, enfatizando la búsqueda de la armonía entre el avance tecnológico y el concepto de espiritualidad. Pero no desde un punto de vista religioso, sino de respeto por la naturaleza y la cultura de sus ancestros. Es en la segunda temporada donde esta idea gana relevancia frente a una primera más centrada en los tejemanejes políticos en Ciudad República y la presentación de Korra como protagonista. Se nos cuenta por fin el origen del ciclo del Avatar en un doble episodio magnífico, tanto por el nivel de preciosismo del universo que presentan, como por sus personajes. El estilo de animación y la fuerte tradición oriental recuerdan al trabajo de un genio del calibre de Hayao Miyazaki. No es ningún secreto la admiración que le profesan DiMartino y Konietzko. La proyección de esa influencia es ineludible.

Con semejante capacidad argumental, The Legend Of Korra sirve también de vehículo para temas más filosóficos, como el espiritualismo ya comentado, el naturalismo o la ética. Interesante también cómo de una pequeña perturbación inicial pueden derivarse consecuencias cuasi-catastróficas (¿os suena el efecto mariposa?). Kuvira nunca habría arrasado medio mundo en sus derivas imperialistas si a su vez Korra no hubiese desaparecido tras ser torturada por Zaheer, que tampoco hubiese escapado de prisión sin sus poderes como maestro del aire, que le fueron dados cuando Korra decidió mantener abiertos los portales al mundo espiritual porque las tensiones y el desequilibrio en el físico estaban empezando a irse de madre. Todo esto nos lleva a la primera temporada e incluso más allá, si empezamos a tirar del hilo del Avatar en sus vidas pasadas. En medio de un sistema tan imprevisible y con tantas fuerzas colisionando entre sí, Korra representa el punto de equilibrio.


Género e identidad

Aunque Korra tiene un protagonismo obvio, la serie no deja de ser bastante coral. Y dentro de esta coralidad, es relevante el alto porcentaje de representación femenina. Cuando hablo de representación me refiero al abanico completo: madres, hijas, en puestos de poder o sin él, jóvenes, ancianas, más impetuosas o más reflexivas, en pareja o solteras, con un físico o con otro... No hay un sólo modelo que represente la “feminidad” como tal y esto es muy importante, ya que se contrapone al estándar de muchas historias de aventuras en donde la mujer ejerce de acompañante del hombre, normalmente siguiendo un estereotipo bastante marcado en lo físico, y sirve de “premio final” al héroe protagonista (ya sabéis, el prota vence al malo y consigue a la chica atractiva). Pero The Legend Of Korra no casa con esta idea y quiere que todos los personajes representen algo sin estar definidos por su sexo o género.

Centrándonos ya en Korra, estamos ante una heroína con todas las letras. Es tenaz, independiente y decidida, tanto que en los primeros compases de la serie toma decisiones algo precipitadas y egoístas. Además, lejos de la hipersexualización en la que caen los creadores de algunas protagonistas de acción (en el mundo del videojuego hay miles de ejemplos), la apariencia de Korra viene dictada por la simple lógica. Viste ropa cómoda para tener movilidad en la lucha y su tono muscular es el que cabe esperar de una persona con alta preparación física. No se le da ningún tipo de importancia a su aspecto, tanto sus adversarios como sus compañeros la respetan en igualdad de condiciones, no hay interacciones desafortunadamente sexistas... Y así podría seguir.

Psicológicamente, la evolución de Korra atraviesa diferentes fases. El final de la tercera temporada es desolador, con nuestra protagonista sumida en una especie de depresión sin visos de mejora. Este punto es clave para el viaje final que la llevará a reencontrarse consigo misma, a ahondar en su propia identidad, en sus obligaciones y limitaciones como Avatar, a analizar sus relaciones personales... Del dolor y las dificultades Korra emerge más adulta y más sabia, más generosa y más fuerte que nunca.

Pero dejo para el final el aspecto más revolucionario de todos. Y es que, amigos, Korra es bisexual. Su primer interés amoroso es Mako, un chico que al principio no le presta demasiada atención y que inicia una relación con otra chica llamada Asami. Esto no es que le haga mucha gracia a Korra, pero algo que me fascina es la relación de no rivalidad que se da entre las dos. Ver algo alejado del cliché sexista de dos mujeres tirándose de los pelos por un mismo hombre, también es revolucionario. Una vez se conocen, su relación va creciendo en intimidad con el paso de las temporadas. Asami es una persona inteligente, con grandes habilidades en el combate cuerpo a cuerpo (porque no es maestra, ojo) y que, a mi parecer, es la más sensata del “equipo Avatar” que suele acompañar a Korra en sus aventuras. El noviazgo entre Mako y Korra es importante para ambos, aunque finalmente se dan cuenta de que no funcionan como pareja y sí como amigos. Entramos en lo triplemente revolucionario: no necesariamente la protagonista tiene que terminar con el hombre que aparece desde el minuto uno. DiMartino y Konietzko van plantando pistas, flirteos, momentos cada vez más emocionales (Nickelodeon no se oponía a la bisexualidad, pero tampoco permitía que se mostrase explícitamente), hasta que en la escena final se hace evidente: Asami y Korra están enamoradas. Aunque la evolución hasta ese punto es bastante obvia y orgánica, los propios creadores tuvieron que salir al paso para confirmarlo ante la negación de una parte de la audiencia. Sí, la gente bisexual existe. ¡Qué locura! ¡Korra y Asami son bisexuales! Se trata de la primera pareja entre dos mujeres en una serie orientada al público infantil (al menos, que se muestre oficialmente y sin contar anime).

Habría mucho más que analizar: La música, la construcción de los personajes secundarios, los puntazos cómicos, el nivel de originalidad y espectacularidad de las peleas, su universo mitológico... Pero quedémonos con esto. The Legend Of Korra ya es historia de la televisión.



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Buffy Cazavampiros: Guía definitiva para escépticos (Parte 3)


Ahora que ya dejé la presentación y análisis de personajes y universo en la Parte 1 y Parte 2, voy a desgranar un poquito los géneros y las interesantes aportaciones a nivel narrativo que incluye la serie. Porque no se puede ir por la vida así, sin saber que Buffy Cazavampiros tiene algunos de los mejores episodios de la televisión contemporánea. Es herejía. 


Parte 3: Rompiendo géneros y moldes

 
Veamos cómo explicar de qué va Buffy Cazavampiros. “Va de una chica que mata vampiros y es así muy fuerte, y tiene unos amigos que la ayudan...” Bueno, hasta aquí lógico, pero ¿cómo hacer que los demás se enganchen con semejante premisa? Una de las principales armas de esta serie es la fusión de géneros y la gran cantidad de argumentos originales que se plantean a nivel narrativo.

—¿Cómo te llamas?
—Buffy.
—No, en serio.

La comedia en Buffy es un recurso continuo, los diálogos entre personajes son rápidos, ingeniosos e inteligentes, respondiendo a la personalidad de cada uno. Willow es entrañable y, en ocasiones, se escandaliza con sus propias bromas. Spike lanza pullas continuas a toda cuanta criatura encuentra (viva o muerta). Anya es puro sarcasmo porque dice verdades incómodas, pero nunca se da cuenta de que pueden resultar incómodas. Y Buffy se aburre si mientras está pegándole puñetazos a un rival cualquiera, no puede intercambiar unas palabras con él en mitad de dicha pelea:

“No te ofendas por la pregunta que voy a hacerte. ¿Olías así de mal cuando estabas vivo? Porque si es algo que conlleva estar muerto, entonces, amigo, me callo; pero que sepas que el negocio del aseo personal comenzó mucho antes de que te convirtieras en vampiro.” (Buffy)


En realidad el humor es un medio para liberar la carga dramática que conlleva el destino de La Cazadora, el fin del mundo que se repite continuamente, la amenaza constante que los lleva a caer y a levantarse una y otra vez. Esto queda claro con frases como “¿Cuántos apocalipsis llevamos con este ya?”, pronunciada en el capítulo 100 de la serie por una Buffy Summers que no pierde oportunidad de dejar claro que es más fuerte que todas las dificultades que se le presenten. Y también mucho más divertida.

Joss Whedon añade a todo esto su cariño por los clásicos de terror, haciendo guiños a mitos como Drácula o Frankenstein entre otros; pero, al mismo tiempo, basándose en un gran número de influencias para crear a villanos tan únicos y terroríficos como “Los Caballeros” (The Gentlemen en su versión original), en una historia que a día de hoy me sigue impresionando y provocando una angustia horrible. Eso sí, no todos los monstruos envejecen igual de bien. Hay que tener en cuenta que la serie comenzó su periplo a finales de los años 90 y sin ninguna confianza por parte de la cadena, que la situó como sustituta de una de sus apuestas, por lo que el presupuesto inicial era paupérrimo y las expectativas bajas. Eso hace que el visionado de la primera temporada pueda ser duro, aunque creo que ese halo tan cutre y de serie B le da un encanto muy pulp. Animo a la gente a darle una oportunidad más allá de este “problema”, ya que la serie madura increíblemente con el paso de las temporadas gracias al éxito de audiencia. El presupuesto aumenta y los efectos especiales mejoran. Además aquí los vampiros son malvados de verdad, ya que al no tener alma carecen de brújula moral, y no brillan cuando les da el sol ni chorradas semejantes. También el camino de los personajes pasa a ser mucho más adulto con el paso de los años y ver ese aprendizaje se convierte en algo tremendamente satisfactorio.

El no ser un gran amante del género vampírico o juvenil (si es que aún sigues pensando en Buffy Cazavampiros como una serie de instituto) no debería ser una excusa para no ver esta serie. Sobre todo porque en ella podemos encontrar algunos de los mejores ejercicios narrativos de la televisión contemporánea, episodios pioneros que marcaron pautas posteriormente imitadas a nivel argumental y de estructura. Citaré el gran capítulo musical “Once More With Feeling” (6x07) como ejemplo necesario y referencia para todo (y digo todo) capítulo musical que se haya realizado desde su estreno en cualquier serie, sea de la temática que sea. No sólo es para muchos el mejor capítulo de Buffy Cazavampiros, sino que está considerado como el mejor capítulo musical de la historia de la televisión. En él se sirven de las canciones (todas interpretadas por los actores tras previa preparación y ensayos) para reflejar los sentimientos más profundos de los personajes y los cambios vitales que estaban atravesando en ese momento.

Pero ha habido muchas más tentativas experimentales por parte de Joss Whedon, sobre todo aprovechando el tirón de la serie y la libertad creativa que le dejaban. “Hush” (4x10) es un capítulo grabado casi en su totalidad sin diálogos y donde hacen aparición los ya citados Caballeros, “Normal Again” (6x17) plantea la idea independiente de que Buffy esté ingresada en un psiquiátrico y todo sea producto de su imaginación, y “Restless” (4x22)  juega enteramente con símbolos oníricos para representar los miedos de cada uno de los protagonistas. Pero hay muchas más: realidades alternativas, doppelgängers, viajes metafísicos... Porque siempre existe un demonio o un hechizo como causa que hace que cualquier posibilidad tenga todo el sentido del mundo.

Podemos seguir sumando elementos al cóctel. La acción es constante, no hay capítulo en el que no veamos una buena pelea para congratularnos con lo épica que puede llegar a ser Buffy cuando se enfrenta a sus enemigos. Hay que destacar que Sarah Michelle Gellar (la actriz protagonista) estaba tan implicada con el personaje que se empeñaba en hacer el mayor número de escenas de lucha posibles, pero la dificultad era bastante elevada, así que la gran mayoría están realizadas por especialistas. Y sí, una pelea puede ser muy entretenida, si está bien coreografiada y trufada con comentarios sarcásticos e ingeniosos, como es el caso.

Ya en la intro meten bastante caña. Si esta música compuesta por Nerf Herder no os motiva a ver el capítulo que la sigue, no sé qué más hacer con vosotros (van todas las openings seguidas en este vídeo, pero las imágenes de la primera temporada no molan una mierda, elegid otra, haced el favor):


¿Si hay romance? Sí, por supuesto. Lo hay en toda serie. Pero hay que destacar que jamás, en ningún momento, los personajes están definidos por sus relaciones amorosas. En realidad, las parejas vienen y van y las personas continúan. Cada relación responde a momentos diferentes e influye trascendentalmente en los personajes, que después sólo deben seguir adelante. Buffy es una protagonista decidida e independiente, una mujer que destaca por su fortaleza mental y física y antepone cualquiera de estas virtudes a sus intereses amorosos. Y hay rupturas y hay desamores. ¿Pero es que alguien esperaba que en una serie con un trasfondo tan trágico las parejas durasen para siempre?

Buffy Cazavampiros mezcla tantos géneros como quiere y huye de tantos convencionalismos como puede. Sus logros van desde incluir a la primera pareja lésbica estable en horario familiar hasta romper el molde del héroe masculino tradicional invirtiendo roles. Y no hay muchas heroínas que sean tan humanas y reales como Buffy, eso seguro.


En la última y cuarta parte resumo varios de los temas más relevantes y concluyo esta guía tan bonita con la que espero convenceros.