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viernes, 24 de julio de 2015

Sense8: Empatía elevada a la máxima potencia


Ocho personas desperdigadas a lo largo del mundo, cada una perteneciente a una cultura distinta, con un idioma distinto (aunque la serie no lo refleje explícitamente, pero ese es otro tema), habilidades distintas, profesiones distintas, sexualidades distintas... Y que resulta que están interconectadas emocionalmente a través de una especie de sistema nervioso especial que les hace sentir todo lo que sienten las demás y relacionarse mentalmente entre sí aunque no estén presentes físicamente. Sí, señores, esto es ciencia ficción. Cortesía de Lana y Andy Wachowski y de J. Michael Straczynski.

Pero no os engañéis, el alma de la serie radica en sus personajes, más que en su argumento de ida de olla. Realmente la serie se nutre de ellos, de la grandeza de sus personalidades y de sus emociones.


¿Quiénes son los sensates? 

Sun Bak es una mujer de negocios coreana, que vive a la sombra de su padre y en su tiempo libre participa en combates de kickboxing o artes marciales (no tengo claro qué se permite en esos combates organizados ilegalmente, algo de eso es). Su habilidad está clara: el combate cuerpo a cuerpo y patear culos. Literalmente es una badass que en una de sus primeras escenas rompe una mesa de un puñetazo. Os lo digo ya, Sun es la jefa. Y de alguna manera la interpretación del personaje también tiene cierta dulzura y hace que enseguida le cojas un cariño tremendo.

Capheus “Van Damme” es conductor de un autobús en Nairobi, un chaval con una sonrisa gigantesca y que rebosa compasión y amabilidad hacia todo el mundo. Está obsesionado con Van Damme, ve películas de Van Damme, tiene el autobús pintado con imágenes de Van Damme... Y, claro, al final le terminan llamando Van Damme. ¿Qué aporta él al grupo? Conduce como quiere y tiene truquillos mecánicos para arrancar vehículos. Esto es útil porque la serie tiene su importante dosis de persecuciones.

Will Gorski es un policía de Chicago que, en cierta manera, cumple un poco el papel de “líder”, sobre todo al ser el primero con el que contacta Jonas (personaje que ejerce como guía) para empezar a explicarle qué le está sucediendo, qué es eso de ser sensate, por qué puede sentir a otras personas perdidas por el mundo y demás. Un personaje con cierto complejo de héroe pero, sorprendentemente, nada cansino para mi gusto. Al ser policía ya os imagináis a qué tipo de conocimientos y habilidades tiene acceso.

Nomi Marks es una mujer transexual que vive en San Francisco y puede hackear todo lo que se le ponga por delante. Tiene una novia maravillosa que lleva rastas de colorines y se llama Amanita (en serio, ¿se puede molar más que una tía que se llama Amanita?). Sense8 introduce así a una pareja interracial de mujeres, una de ellas transexual e interpretada además por una actriz transexual. Minipunto de diversidad para Sense8. La historia de Nomi está muy inspirada por la propia vida de Lana Wachowski, quitando todo eso de tener un pasado delictivo como hacker a sus espaldas. Nomi y Amanita son adorables hasta puntos extremos, van juntas al desfile del orgullo y Amanita es algo así como la novia perfecta, con madre hippie incluida. 

Lito Rodríguez es un actor mexicano gay que vive su sexualidad en el armario por miedo a perder su carrera. Probablemente es el personaje más cómico de todos, ya que es un tanto melodramático, lo cual hace todavía más sorprendente que esté interpretado por el español Miguel Ángel Silvestre (sí, es el que estáis pensando). No por nada, sino porque yo al menos lo tenía encasillado en otro tipo de papeles y aquí hay que reconocer que hace una interpretación muy divertida y realista. Lo de realista es literal, ya que las escenas sexuales con su novio secreto Hernando llegan a ser bastante explícitas. A Sense8 le importa una mierda y va con todo. Le sigo dando minipuntos por ello. Por cierto, su habilidad es actuar, obviamente.

Kala Dandekar es una joven farmacéutica india que está prometida con un hombre del que no está enamorada. Kala es tan dulce y tan inocente que te dan ganas de darle un besito en la frente de lo maja que es. Equilibra muy bien sus creencias religiosas hindúes con sus conocimientos científicos, aunque esto genera un cierto conflicto externo en su vida. Controla bastante de productos químicos, medicinas y mezcolanzas varias. Ya os imaginaréis la utilidad del tema.

Wolfgang Bogdanow es un tío alemán bastante badass, que está metido en temas un tanto mafiosos relacionados con el crimen organizado y tiene una historia familiar un poco turbia. Sabemos que tiene buen corazón, aunque él no se lo crea tanto. Además del poco pudor de su personaje (sale desnudo integral, lo que es otro minipunto en una industria que tiende a ser sexista mostrando sólo desnudos de mujeres), se sabe que es el que menos escrúpulos tiene, sobre todo si hay que lidiar con cosas complicadas como matar a otras personas, por ejemplo. En él se concentra muchísima acción, tipo explosiones y tiroteos, algo que no puede faltar en el universo Wachowski.

Riley Blue es una DJ de Islandia, pero que vive en Londres y tiene un rollito muy guay, independiente y urbano. En apariencia, claro, porque a poco que veas sus escenas te das cuenta de que lleva una continua carga depresiva encima. Tiene un pasado complejo, que la hace un personaje tremendamente atormentado. Me hacen gracia los que critican a Riley porque dicen que no tiene “ninguna habilidad”. Es bastante evidente que es la sensate más puramente emocional y esto en un grupo de gente que está conectada emocionalmente tiene que ser jodidamente importante. Mi experiencia seriéfila dicta que el personaje más aparentemente vulnerable en un grupo que lucha contra algún peligro, siempre termina siendo el más poderoso. Esto es así y es mi teoría sobre Riley. Además, me parece un personaje precioso e increíblemente sensible.

Estos ocho personajes, que en principio no se conocen, renacen como sensates (sense-eight, ¿lo habéis pillado ya?) y empiezan a tener experiencias sensoriales muy extrañas donde se relacionan entre sí y entrecruzan sus vidas ayudándose unos a otros. ¿Cómo? Compartiendo conocimientos, como ya he dicho, y haciendo una cosa muy complicada de explicar que en la serie llaman visitar; que viene a ser proyectarse de repente en el mismo sitio al mismo tiempo que no se está en ese sitio, una conexión muy extraña que les permite hablarse y tocarse viviendo cada uno en un lugar distinto del mundo, compartiendo emociones colectivas y sintiéndose interconectados como una especie de hidra psíquica de ocho cabezas. Es muy difícil de explicar, lo siento. Hay que verla para entender el proceso.


Una serie sobre emociones compartidas
  
Es cierto que tenemos comedia, acción, violencia, sexo, ciencia ficción... Pero sobre todas las cosas Sense8 es una serie que lleva la empatía hasta el extremo y que, de hecho, brilla precisamente en esos momentos de emociones compartidas. Quizás influya el hecho de que lo normal es encariñarse rápidamente con los ocho protagonistas, lo cual es algo muy difícil de conseguir para una serie. Normalmente siempre existe algún personaje que te saca más de quicio o tienes un favorito muy destacado, pero aquí el nivel de interés y de carisma de cada uno está muy equilibrado, de forma que te preocupas por todos ellos casi por igual. Y es que también es lógico, porque funcionan como un todo. ¿Os imagináis sentir al mismo tiempo las emociones de otras siete personas y que esas otras siete personas sientan las tuyas y te puedan ayudar en los momentos más peliagudos como si fueseis parte de una misma entidad cerebral? Pues esto es lo que explora Sense8.

Para este cometido hay momentos que están muy bien construidos desde el punto de vista escenográfico y también musical. La serie está grabada a lo largo del mundo, es decir, los escenarios en cada ciudad y país son totalmente naturales. Cada vez que los personajes se visitan las escenas están perfectamente montadas para dar sensación de fluidez y de continuidad, aunque supongo que para los actores y actrices grabar las mismas conversaciones en distintos países ha tenido que ser un tanto pesado. Sin embargo, funcionan; y no sólo funcionan, sino que son las escenas más destacadas de lejos. La química entre los ocho sensates es emocionante, se hablan, se entienden, comparten sus experiencias y pensamientos... ¡Hasta tienen una especie de orgía psíquica poliamorosa! Y cuando lo acompañan con una música que encaja, salen cosas tan bien hiladas como ésta (ATENCIÓN, porque es una escena de la serie así que puede que no entendáis nada y que os comáis un spoiler gigantesco):



Paralelamente a las vidas individuales de cada personaje, la serie va descubriendo ese misterio mayor que subyace a la extraña naturaleza de los sensates. Tenemos un peligro antagónico encarnado en un tal Whispers y... hasta aquí puedo contar. Sé que algunos medios especializados han dicho de Sense8 que tenía demasiados fallos y era confusa. No digo que sea una serie perfecta (porque no lo es), pero lo de ser confusa supongo que vendrá de alguien que sólo ha visto el primer episodio, porque no veo por ningún lado que la historia sea difícil de entender. Al menos si le das cierto margen, ya que al principio sí puede resultar chocante (pero ya os he dado las suficientes pistas para que sepáis de qué va el rollo). 

La primera temporada actúa casi como una introducción que nos va presentando a los personajes con continuos cambios geográficos, puede que por eso algunos la vean lenta. Yo ni de coña, la he maratoneado y disfrutado como una niña pequeña. Ya han dejado claro que la concepción de la idea da para cinco temporadas, así que desde aquí pido a Netflix su renovación inmediata. Es demasiado maravillosamente diversa para perderse. Lidia con temas de género, cultura, pluralidad racial, identidad sexual, religión... Aunque en mi opinión cae en ciertos estereotipos culturales que pueden ser problemáticos, sus protagonistas son demasiado interesantes para verse reducidos a ellos. Todo para al final concluir que son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Un mensaje significativo en una serie muy humana.  


domingo, 12 de abril de 2015

Pasteles, muerte y romanticismo


Todos los que hemos visto ya bastantes series a lo largo de nuestra vida, tenemos un pequeño catálogo de joyas semi-desconocidas para muchos, muy especiales, que terminaron con más pena que gloria de forma injusta y que siempre tratamos de sacar a colación para recomendar. Para mí una de ellas siempre será Pushing Daisies, una serie original como pocas, visualmente maravillosa, diferente, con un argumento que es capaz de combinar la presencia de la muerte y la resolución de casos criminales en cada capítulo con el amor por los pasteles y un romanticismo puro e inocente de herencia infantil. Si os estáis preguntando cómo puede funcionar esta mezcla tan poco convencional, sólo tenéis que seguir leyendo.


El don de Ned

Cada capítulo empieza con una pequeña narración, en la voz en off típica de un cuentacuentos, que explica a la audiencia algún punto de la infancia de Ned (nuestro protagonista) para situarnos y conocer más al personaje. Hablamos de, por ejemplo, el amor por las tartas caseras de su madre que ha dado origen a su trabajo de pastelero; o el descubrimiento de su extraño don de revivir a los muertos con sólo tocarlos. Que sonará macabro e inverosímil, pero es la premisa básica sobre la que se sustenta la historia. Aunque ojo, hay normas paranormales en el tema:

  1. Una vez revivido el muerto en cuestión, no debe pasar más de un minuto porque, transcurrido ese tiempo, un ser vivo que ande cerca morirá sí o sí sin comerlo ni beberlo. Para restaurar el equilibrio natural, supongo.
  2. Si vuelve a tocar al muerto revivido el susodicho muere otra vez, esta vez ya para siempre. Ya puede el bueno de Ned hacerle un tacto rectal que no hay solución. Caput.

Aunque Ned parece haber aprendido a vivir la mar de feliz con su perro y su pastelería (ya que se ve que ha logrado sacarle bastante partido a lo del don para cuestiones culinarias), un detective privado lo descubre un día reviviendo a un muerto sin querer y ve ahí un filón. Este hombre se llama Emerson Cod, es como un armario de grande, tiene cara de muy mala uva, es cómicamente gruñón y se pirra por el dinero. Así que terminan de compañeros de negocios con bastante buen resultado. Digamos que resolver casos criminales se hace sencillo si puedes despertar al muerto durante un minuto de duración para que te cuente quién lo ha matado. Aquí entra un componente muy interesante de humor negro que nos deja situaciones bastante hilarantes. El tratamiento que se hace de la muerte no es pesimista ni deprimente, sino cómico y surrealista. Pero las cosas se complican cuando Ned se encuentra el cadáver de Chuck, el amor de su infancia (y digo infancia de verdad, infancia de vecinos jugando juntos en el jardín), y decide no cumplir con la regla del minuto. ¡Ups! Es que el pobre está hasta las trancas.

Que diréis, “ahhhh, cabrona, spoilers”. Pues no, muy relativos. Porque todo esto no es nada más que el principio de la serie, básicamente lo que nos cuenta el tráiler, y a partir de aquí se dispara la trama episodio a episodio.


                                   


¿Una serie procedimental?

Puede, aunque sería un error quedarnos ahí. Cierto es que el argumento de cada capítulo suele ser autoconclusivo porque se basa en la resolución de un caso de asesinato, pero a mí nunca me han atraído nada las series procedimentales y creo que Pushing Daisies es algo completamente diferente. Quizás sea porque el universo que crea está totalmente fuera de lo común. Cuando el narrador con voz de cuentacuentos suelta las palabras “los hechos eran estos” sabemos que a continuación se sucederán los más disparatados acontecimientos, personajes y casualidades que han llevado al asesinato en cuestión.

Pero hay muchos secretos a descubrir a lo largo de la serie y arcos argumentales que involucran a sus protagonistas. Además de un romance entrañable, aparentemente imposible y casi asexual; teniendo en cuenta que Ned y Chuck no pueden tocarse a no ser que haya de por medio un plástico o una prenda de ropa (imaginaos el percal). Ned es un cacho de pan y Chuck está llena de energía y positivismo en esta segunda oportunidad que le regala la vida. Sus tías son otros dos personajes mágicos: una suerte de antiguas estrellas del espectáculo retiradas, que en su juventud formaban un dúo de natación sincronizada y que viven solas en una mansión gigantesca sin salir a la calle.

Todo envuelto en un ambiente de colores vivos y alegres, interiores llenos de formas geométricas, tartas, fantasía, misterio, personajes extravagantes, profesiones inauditas, diálogos rápidos y un cierto aire retro (sólo hay que echar un vistazo a los vestiditos de Chuck). Sin olvidarnos de la grandísima Olive Snook, la camarera de “The Pie Hole” (nombre de la pastelería), un personaje secundario divertido y adorable que en cuanto tiene oportunidad roba el protagonismo a los demás poniéndose a cantar y a bailar sin venir a cuento de nada (la actriz tiene muchas tablas en los musicales de Broadway). Olive está profundamente enamorada de Ned y nos deja tantos momentos tiernos, locos y brillantes, que será imposible que no te encariñes con ella.  

Si queréis saber más su creador es Bryan Fuller, culpable de otras series como Tan Muertos Como Yo o Hannibal (parece que está un poquitín obsesionado con la muerte); y la idea triunfó bastante en los premios Emmy, sobre todo en categorías más técnicas. Y es que la estética colorista y la fotografía de Pushing Daisies son absolutamente únicas en televisión. No hay nada igual. Es un elemento que la diferencia completamente de cualquier otra propuesta y le da esa personalidad especial. Alguna vez leí por ahí que la serie es algo así como una mezcla entre Tim Burton y Amelie. Y, sinceramente, creo que no hay mejor manera de describirla.

domingo, 8 de marzo de 2015

La serie que nunca debió acabar



Cantidad de series maltratadas e infravaloradas en el momento de su emisión podrían caber tras este pequeño alegato. Pero tras tragarme su primera y única temporada en escasos días para cumplir el reto seriéfilo de Reino de Series, hoy me va a tocar hablar de Firefly. Porque sí, es una super-serie (como cabría esperar de Joss Whedon) y sí, se entiende perfectamente el aura de adoración y culto que hay hoy en día a su alrededor. Y, como acabo de anticipar, sí, fue cancelada tras una sola temporada. Qué faena.

Firefly es, teóricamente, una mezcla que pocos hubiesen anticipado como exitosa. Combina el western con la ciencia ficción, los viajes interplanetarios en naves espaciales con las ráfagas de balas en parajes semidesérticos. Y pone el foco en la tripulación de la Serenity, una nave tipo Firefly (de ahí el nombre) que traslada a sus protagonistas de “trabajo” en “trabajo”, básicamente robos por encargo y contrabando. De alguna forma hay que ganarse la vida.


La Alianza contra los contrabandistas

Situémonos. Estamos en el año 2517, en un sistema estelar diferente al de la Tierra a donde la humanidad parece haberse mudado, según se deduce de algunas frases de los protagonistas. El gobierno que controla este sistema es la Alianza, que no sabemos cómo, pero parece ser el resultado de la unión entre la sociedad occidental y la oriental. De hecho, escuchamos a los personajes utilizar tanto inglés como chino para expresarse y, cuando aterrizan en alguno de los múltiples planetas, se observa cómo la sociedad y la población están embebidas en esta multiculturalidad. Pero hay una clara diferencia entre los planetas centrales y los otros. A medida que nos desplazamos hacia la periferia, vemos cómo la influencia de la Alianza es mucho menor, los recursos más escasos y parece que en la mayoría de los casos los han dejado bastante abandonados, por lo que se las tienen que arreglar como pueden. Es aquí dónde encontramos una estética típicamente western: paisajes desérticos, personajes más brutos y chapados a la antigua, costumbres rancias, caballos y ganado, mugre...

Todo este contexto es muy importante porque nos permite entender el mundo en el que viven y las motivaciones de los personajes. Especialmente si nos centramos en Malcolm Reynolds (capitán de la Serenity) y su segunda a bordo, Zoe Washburne; ambos veteranos de la guerra entre la Alianza y los Independientes, una rebelión por parte de los planetas periféricos que buscaba escapar del control y las ansias unitarias de la Alianza. Como adivinaréis, la cosa no terminó muy bien. Si Mal adquirió la nave fue para poder seguir viviendo al margen, buscando la libertad que le daban los viajes por esta región del espacio. Teniendo en cuenta los trabajos tan poco legales que llevan a cabo, es lógico que los desencuentros entre la Alianza y la Serenity sean constantes a lo largo de toda la serie.

Un problema añadido es la incorporación de Simon y River a la tripulación. No entraré en detalles, pero su presencia en la nave trae mucha cola cuando se descubre que son fugitivos y, en gran parte, son el factor de cambio que empuja el desarrollo de la trama. Sumémosle a esto los Reavers, un grupo de “humanos” (según Jayne olvidaron cómo serlo) que matan, violan, mutilan y se comen a sus víctimas; y a quienes todos temen. TODOS. Hay determinadas zonas del espacio que están infestadas de Reavers y su simple mención suele generar pánico; así que es normal que los miembros de la Serenity traten de evitar a toda costa estas zonas, a pesar de lo mucho que esto limita sus movimientos. Los Reavers son prácticamente un misterio, a no ser que veas la película post-serie (cosa que deberías hacer al final si quieres atar cabos).


El existencialismo de Whedon

Joss Whedon explicó que, incluso en un futuro como este, en donde la humanidad habría alcanzado semejante nivel de desarrollo como para expandirse hacia nuevos sistemas planetarios, todavía existirían las injusticias, la ignorancia retrógrada, la profunda desigualdad entre pobres y ricos... porque eso siempre formará parte de la humanidad. Whedon es un tío muy existencialista (hay incluso un libro sobre ello) y en su universo suele mostrar cierta reflexión moral entre lo que está “bien” y “mal”, entre esas decisiones vitales que nos convierten en un tipo de persona u otro. Esto se hace muy patente en nuestro grupo de protagonistas, que, en última instancia, siempre muestran empatía y humanidad en sus actos. En comparación con los representantes de la Alianza, dejan claro que la justicia y el código ético no tienen por qué estar ligados ni a la autoridad ni a la legalidad. Más bien al contrario.

Además, Firefly reniega de esas naves perfectas, limpias y brillantes que se nos presentan en otras obras de ciencia ficción; de la tecnología infalible y cuasi-mágica. La Serenity es vieja, se estropea a menudo, está llena de remiendos, sucia... Las armas y máquinas habitualmente fallan, chirrían o no funcionan. Todo tiene una capa más realista y cotidiana, por decirlo de alguna manera. Quizás también influya el hecho de que la Serenity no es sino el hogar de todos ellos y vemos sus cuartos plagados de fotos, cómo se entretienen en sus ratos libres, cómo comen juntos en una mesa, los escondites en los que guardan el contrabando... Si Whedon quería que sintiésemos ese grado de cercanía y familiaridad, desde luego lo consigue.

Hay una gran cantidad de temas que se tocan, bien de lleno o de forma tangencial (la cancelación de la serie impidió que se desarrollasen mucho más). Por ejemplo, existe un obvio componente político ya que, en oposición al control gubernamental de la Alianza, la tripulación de la Serenity va por libre, no titubea a la hora de cometer “crímenes” si considera que es lo necesario para seguir adelante y busca, ante todo, su supervivencia. Estamos hablando de temas como el anti-autoritarismo, la lealtad dentro del grupo, la libertad individual... Simplemente fijémonos en la letra de la canción que abre cada capítulo: “I don’t care, I’m still free, you can’t take de sky from me…”



De hecho, se conoce que Firefly tiene muchos seguidores adheridos al libertarismo. No me refiero a ideas cercanas al anarquismo, sino más bien a lo que aquí conocemos como ideología liberal. Existe una connotación diferente entre el libertarismo en Estados Unidos y el libertarismo en Europa que no voy a empezar a desgranar aquí, porque hay muchos matices debido a la tradición tremendamente capitalista de Estados Unidos y a las posiciones sociales ultra-conservadoras de muchos liberales europeos. Tan sólo diré que Firefly posee un gran trasfondo político al respecto.

A mayores, personajes como Inara (una acompañante) o Book (un cura) permiten analizar aspectos como la prostitución o la religión. No está mal para una serie de una sola temporada, aunque es cierto que especialmente el tema de la religión queda bastante incompleto. De todas formas, la interacción entre estos y otros personajes plantea cuestiones interesantes que conviene analizar un poquitín por separado.


Una familia atípica

Los miembros de la Serenity son una familia, a pesar de no compartir lazos de sangre o no haber crecido juntos. Son una familia creada a través de otros vínculos: viven juntos, luchan juntos, huyen juntos de la justicia... Básicamente son unos inadaptados que se han ido encontrando en el camino, sumándose poco a poco a la tripulación.

Malcolm (Mal para los amigos) es el capitán, el dueño de la nave. Por momentos es un gruñón y tiene muy poco tacto, pero en el fondo se preocupa profundamente por su tripulación y posee su propio código de honor. Por peliaguda que sea la situación, nunca deja a nadie atrás. O se salvan todos o mueren en el intento. Y ni pienses en traicionar a los restantes miembros del grupo o te las verás con él. Y si no, que se lo digan a Jayne, un mercenario que empezó a trabajar para Mal por dinero, pero que a lo largo de la serie va mostrando mucho más de lo que aparenta. En el extremo contrario tenemos a Zoe, que le es fiel hasta la médula y siempre le guarda las espaldas. Su amistad, cimentada en un pasado común durante la guerra, es eso: Amistad en mayúsculas. Y demuestra que sí, obviamente un hombre y una mujer heterosexuales pueden ser amigos sin caer en el interés romántico o sexual (de hecho, hay alguna broma muy simpática al respecto). Ya basta de que siempre tenga que existir tensión.

En cuanto a los demás, tenemos a Wash, el piloto de la Serenity y marido de Zoe; a Book, un cura del cual jamás conocemos su pasado, pero que no tiene demasiados reparos en coger un arma y disparar con una más que misteriosa buena puntería; a Kaylee, la mecánica de la Serenity y adorabilidad hecha persona; y a Inara, la acompañante que por negocios se traslada de planeta en planeta junto a ellos. Hagamos un inciso en este término: acompañante. En esta sociedad futura, las acompañantes son personas altamente respetadas y con todo tipo de derechos laborales, estableciéndose una más que evidente reflexión alrededor de la prostitución legalizada. Porque sí, Inara se acuesta con personas que requieren sus servicios, pero que siempre elige por sí misma. Goza de aceptación social, chequeos médicos rutinarios, libertad de elección y, en cualquier posible caso de amenaza, tiene la última palabra para incluir al cliente en la lista negra de acompañantes y bloquearlo de por vida. Personalmente, creo que es uno de los personajes más interesantes por el mensaje que envía. Y, al mismo tiempo, podemos compararlo con la dura vida que llevan las prostitutas que trabajan fuera de este sistema en los planetas periféricos.


Bye now. Have good sex!” (Kaylee)

Esta frase es el más vivo ejemplo del grado de normalización que existe alrededor de las acompañantes. Aunque influye que Kaylee aprecia a Inara de forma genuina, igual que a los restantes integrantes de la Serenity. Es quizás el único personaje que se ve que quiere a todos ellos de verdad, sin claroscuros. Whedon definió a este personaje como “el corazón de la nave”. No hay mucho más que decir.


Ya sólo nos quedan Simon y River. Simon es el hermano de River y es médico, algo que les viene muy bien. Su historia es complicada, ya que River fue una niña prodigio a quien realizaron complejos experimentos cerebrales. Su super-inteligencia nos da muy buenos momentos, como aquel en el que debate con el pastor Book sobre las incoherencias de la Biblia:

Book: What are we up to, sweetheart?
River: Fixing your Bible.
Book: What? 
River: Bible’s broken. Contradictions, false logistics... doesn’t make sense.

Estos personajes viven juntos unas cuantas aventuras, una historia de descubrimiento que sólo finalizará una vez hayas visto la película Serenity. Lo más importante es el viaje que los lleva hasta ese punto y las relaciones que van desarrollándose entre ellos. Si hay algo absolutamente innegable en Firefly es que la caracterización de todos y cada uno de los personajes es un acierto. Por ello, el potencial de la serie era inmenso, ya que podríamos haber conocido mucho más a cada persona en esa pequeña familia creada a base de convivencia, lealtad y alguna que otra bala. Pero la FOX ya la había cancelado casi antes de estrenarla e incluso emitió los capítulos desordenados mostrando una falta de respeto y confianza acojonante. Nunca los perdonaremos por ello. 

Fuck you, FOX.


martes, 25 de noviembre de 2014

Buffy Cazavampiros: Guía definitiva para escépticos (Parte 1)


Es muy complicado intentar explicarle a un escéptico la grandeza de Buffy. Cuando normalmente presumo de que Buffy Cazavampiros es mi segunda serie favorita de todos los tiempos, la reacción de un escéptico suele ser la siguiente: “¿En serio? ¿Esa serie de una adolescente rubia que se enamora de un vampiro?” Y poco más. La gran mayoría de los que reniegan de ella creen que se trata de una serie con una adolescente pánfila que tiene que matar vampiros, pero se enamora de uno, romance juvenil al canto y varios clichés superficiales más. La moda vampiresca de hace unos años ha hecho mucho daño a la serie. Comparar a Buffy con muchachas como Bella, Elena Gilbert o Sookie Stackhouse (algunas de las protagonistas de esta ola vampírica tan dañina a la que me refiero) no sólo es injusto, sino tremendamente ofensivo. Buffy patearía los culos de todas ellas, no lo dudéis.

Para intentar convenceros he decidido hablar del vasto universo Buffy y sus significados, tratando de no desvelar cosas específicas de la trama para evitar posibles spoilers, pero refiriéndome necesariamente a los contenidos y temáticas de manera más general. Lo voy a estructurar en varias partes para no dejarme nada. De otra forma sería imposible, así que estáis avisados.


Parte 1: Personajes y evolución

Cuando alguien defiende, por ejemplo, que The Walking Dead es una serie de personajes, cuando quitando a uno o dos de ellos ninguno ha sufrido ninguna evolución profunda; me tengo que echar a reír (y sí, veo The Walking Dead y la disfruto mucho). Debería ser lo primero a trabajar y a estructurar en una serie: los personajes. Si esto se os antoja fundamental como a mí, Buffy Cazavampiros es una Biblia televisiva en lo que a evolución de personajes se refiere.

En nuestro imaginario colectivo partimos de una base: el ver a una chica rubia y mona correr por un callejón oscuro escapando de alguien, nos dispara la alerta de peligro. En este caso también... pero de peligro para quién la persigue. El propio Joss Whedon (creador de la serie) explicó este punto de vista de forma casi literal. Fijándose en la gran cantidad de chicas jóvenes y asustadizas que terminaban siempre a merced de los colmillos de un vampiro en las historias clásicas, pensó, ¿por qué no darle la vuelta a la tortilla y mostrar a esa chica como la heroína que da mamporros y lucha contra cualquier gilipollas que quiera chulearla? Y así nació Buffy, un personaje complejo y poderoso, que empieza su andadura en el instituto.

A lo largo de la historia, la evolución de Buffy es increíblemente notable. Cuando terminamos la serie, poco queda de la Buffy adolescente llena de dudas de la primera temporada. En el camino ha tenido que enfrentarse a monstruos de toda índole, apocalipsis, muertes...; pero también a la soledad, el crecimiento personal y los problemas de una vida que no ha elegido. Para ello ha contado con ayuda, sí, pero en esencia siempre se ha sentido sola.

De entre sus compañeros de aventura cabe destacar a Willow y a Xander, los fieles amigos de “La Cazadora” y rocas emocionales para Buffy durante el transcurso de la serie. Sin olvidarnos de Giles, su “Vigilante”, como figura paterna imprescindible para una Buffy que creció en una familia de padres divorciados y nunca se ha dejado de culpar por ello. Así, Willow experimenta una de las maduraciones más interesantes pasando de ser una chica empollona e insegura en sus relaciones a poderosísima superbruja, en un arco brutal que implica redescubrimiento sexual, pérdida y conquista de su propia independencia. Xander, por su parte, a pesar de utilizarse frecuentemente como alivio cómico, es un agradable contrapunto al ser el único “normal” que se mantiene en la Scooby Gang (auto-apodo de la pandilla) desde el principio; lejos de superpoderes, brujería, hombres lobo, ex-demonios, vampiros... y un Giles que, a pesar de ser humano, ejerce el papel de sabio por sus conocimientos en artes oscuras y demonología. Por ello, uno de los conflictos constantes en Xander es su miedo al fracaso, el sentirse un inútil en comparación, que poco a poco se va disipando a medida que el personaje gana en autoestima.

Sin embargo, en Buffy Cazavampiros incluso los aparentemente malos tienen evoluciones brillantes. Spike, ese vampiro de pelo rubio oxigenado, larga gabardina y uñas pintadas de negro, se descubre como uno de los mejores personajes de toda la serie, sino el mejor. Sus principios vampíricos (es decir, su ausencia de ellos) lo presentan como un personaje egoísta, aprovechado, que sólo quiere salvarse el culo y matar gente por diversión; pero, a la larga, su ambigüedad moral entre el bien y el mal, ayudando a unos y otros, trabando amistades y hasta una compleja relación de amor-odio, lo catapultan como un anti-héroe de cajón. Oscuro, divertido y carismático. Spike mola. Y mucho.

Si queréis convenceros aquí dejo este momento para la posteridad de Spike cantando la versión más punk de “My Way” (no lo he encontrado en mejor calidad):



Habrá otros como Angel, el vampiro con alma rehabilitado; Faith, una cazadora que se contrapone a Buffy (como el ying y el yang) con una escala de valores que desafía la supuesta ética en la lucha contra el mal; o la ex-demonio Anya, uno de los mejores personajes secundarios que he visto por su habilidad como roba-escenas, lo que la lleva a soltar muchas perlas (tan cómicas como existenciales) en sus intentos por comprender el concepto de humanidad e integrarse:

“¡Pero no lo entiendo! No entiendo cómo puede ocurrir esto. ¿Cómo vamos a soportarlo? No sé, yo la conocía, y ahora no es más que un cuerpo. Y nadie comprende por qué no puede volver a ser como era. Está muerta. Es absurdo, mortal y absurdo”. (Anya)

De esta forma se va tejiendo un amplio universo donde las fronteras entre vida y muerte o luz y oscuridad se difuminan, dejando claro que no siempre los buenos son tan buenos ni los malos tan malos.


Aquí podéis ir a la Parte 2, Parte 3 y Parte 4 de la guía.