domingo, 8 de marzo de 2015

La serie que nunca debió acabar



Cantidad de series maltratadas e infravaloradas en el momento de su emisión podrían caber tras este pequeño alegato. Pero tras tragarme su primera y única temporada en escasos días para cumplir el reto seriéfilo de Reino de Series, hoy me va a tocar hablar de Firefly. Porque sí, es una super-serie (como cabría esperar de Joss Whedon) y sí, se entiende perfectamente el aura de adoración y culto que hay hoy en día a su alrededor. Y, como acabo de anticipar, sí, fue cancelada tras una sola temporada. Qué faena.

Firefly es, teóricamente, una mezcla que pocos hubiesen anticipado como exitosa. Combina el western con la ciencia ficción, los viajes interplanetarios en naves espaciales con las ráfagas de balas en parajes semidesérticos. Y pone el foco en la tripulación de la Serenity, una nave tipo Firefly (de ahí el nombre) que traslada a sus protagonistas de “trabajo” en “trabajo”, básicamente robos por encargo y contrabando. De alguna forma hay que ganarse la vida.


La Alianza contra los contrabandistas

Situémonos. Estamos en el año 2517, en un sistema estelar diferente al de la Tierra a donde la humanidad parece haberse mudado, según se deduce de algunas frases de los protagonistas. El gobierno que controla este sistema es la Alianza, que no sabemos cómo, pero parece ser el resultado de la unión entre la sociedad occidental y la oriental. De hecho, escuchamos a los personajes utilizar tanto inglés como chino para expresarse y, cuando aterrizan en alguno de los múltiples planetas, se observa cómo la sociedad y la población están embebidas en esta multiculturalidad. Pero hay una clara diferencia entre los planetas centrales y los otros. A medida que nos desplazamos hacia la periferia, vemos cómo la influencia de la Alianza es mucho menor, los recursos más escasos y parece que en la mayoría de los casos los han dejado bastante abandonados, por lo que se las tienen que arreglar como pueden. Es aquí dónde encontramos una estética típicamente western: paisajes desérticos, personajes más brutos y chapados a la antigua, costumbres rancias, caballos y ganado, mugre...

Todo este contexto es muy importante porque nos permite entender el mundo en el que viven y las motivaciones de los personajes. Especialmente si nos centramos en Malcolm Reynolds (capitán de la Serenity) y su segunda a bordo, Zoe Washburne; ambos veteranos de la guerra entre la Alianza y los Independientes, una rebelión por parte de los planetas periféricos que buscaba escapar del control y las ansias unitarias de la Alianza. Como adivinaréis, la cosa no terminó muy bien. Si Mal adquirió la nave fue para poder seguir viviendo al margen, buscando la libertad que le daban los viajes por esta región del espacio. Teniendo en cuenta los trabajos tan poco legales que llevan a cabo, es lógico que los desencuentros entre la Alianza y la Serenity sean constantes a lo largo de toda la serie.

Un problema añadido es la incorporación de Simon y River a la tripulación. No entraré en detalles, pero su presencia en la nave trae mucha cola cuando se descubre que son fugitivos y, en gran parte, son el factor de cambio que empuja el desarrollo de la trama. Sumémosle a esto los Reavers, un grupo de “humanos” (según Jayne olvidaron cómo serlo) que matan, violan, mutilan y se comen a sus víctimas; y a quienes todos temen. TODOS. Hay determinadas zonas del espacio que están infestadas de Reavers y su simple mención suele generar pánico; así que es normal que los miembros de la Serenity traten de evitar a toda costa estas zonas, a pesar de lo mucho que esto limita sus movimientos. Los Reavers son prácticamente un misterio, a no ser que veas la película post-serie (cosa que deberías hacer al final si quieres atar cabos).


El existencialismo de Whedon

Joss Whedon explicó que, incluso en un futuro como este, en donde la humanidad habría alcanzado semejante nivel de desarrollo como para expandirse hacia nuevos sistemas planetarios, todavía existirían las injusticias, la ignorancia retrógrada, la profunda desigualdad entre pobres y ricos... porque eso siempre formará parte de la humanidad. Whedon es un tío muy existencialista (hay incluso un libro sobre ello) y en su universo suele mostrar cierta reflexión moral entre lo que está “bien” y “mal”, entre esas decisiones vitales que nos convierten en un tipo de persona u otro. Esto se hace muy patente en nuestro grupo de protagonistas, que, en última instancia, siempre muestran empatía y humanidad en sus actos. En comparación con los representantes de la Alianza, dejan claro que la justicia y el código ético no tienen por qué estar ligados ni a la autoridad ni a la legalidad. Más bien al contrario.

Además, Firefly reniega de esas naves perfectas, limpias y brillantes que se nos presentan en otras obras de ciencia ficción; de la tecnología infalible y cuasi-mágica. La Serenity es vieja, se estropea a menudo, está llena de remiendos, sucia... Las armas y máquinas habitualmente fallan, chirrían o no funcionan. Todo tiene una capa más realista y cotidiana, por decirlo de alguna manera. Quizás también influya el hecho de que la Serenity no es sino el hogar de todos ellos y vemos sus cuartos plagados de fotos, cómo se entretienen en sus ratos libres, cómo comen juntos en una mesa, los escondites en los que guardan el contrabando... Si Whedon quería que sintiésemos ese grado de cercanía y familiaridad, desde luego lo consigue.

Hay una gran cantidad de temas que se tocan, bien de lleno o de forma tangencial (la cancelación de la serie impidió que se desarrollasen mucho más). Por ejemplo, existe un obvio componente político ya que, en oposición al control gubernamental de la Alianza, la tripulación de la Serenity va por libre, no titubea a la hora de cometer “crímenes” si considera que es lo necesario para seguir adelante y busca, ante todo, su supervivencia. Estamos hablando de temas como el anti-autoritarismo, la lealtad dentro del grupo, la libertad individual... Simplemente fijémonos en la letra de la canción que abre cada capítulo: “I don’t care, I’m still free, you can’t take de sky from me…”



De hecho, se conoce que Firefly tiene muchos seguidores adheridos al libertarismo. No me refiero a ideas cercanas al anarquismo, sino más bien a lo que aquí conocemos como ideología liberal. Existe una connotación diferente entre el libertarismo en Estados Unidos y el libertarismo en Europa que no voy a empezar a desgranar aquí, porque hay muchos matices debido a la tradición tremendamente capitalista de Estados Unidos y a las posiciones sociales ultra-conservadoras de muchos liberales europeos. Tan sólo diré que Firefly posee un gran trasfondo político al respecto.

A mayores, personajes como Inara (una acompañante) o Book (un cura) permiten analizar aspectos como la prostitución o la religión. No está mal para una serie de una sola temporada, aunque es cierto que especialmente el tema de la religión queda bastante incompleto. De todas formas, la interacción entre estos y otros personajes plantea cuestiones interesantes que conviene analizar un poquitín por separado.


Una familia atípica

Los miembros de la Serenity son una familia, a pesar de no compartir lazos de sangre o no haber crecido juntos. Son una familia creada a través de otros vínculos: viven juntos, luchan juntos, huyen juntos de la justicia... Básicamente son unos inadaptados que se han ido encontrando en el camino, sumándose poco a poco a la tripulación.

Malcolm (Mal para los amigos) es el capitán, el dueño de la nave. Por momentos es un gruñón y tiene muy poco tacto, pero en el fondo se preocupa profundamente por su tripulación y posee su propio código de honor. Por peliaguda que sea la situación, nunca deja a nadie atrás. O se salvan todos o mueren en el intento. Y ni pienses en traicionar a los restantes miembros del grupo o te las verás con él. Y si no, que se lo digan a Jayne, un mercenario que empezó a trabajar para Mal por dinero, pero que a lo largo de la serie va mostrando mucho más de lo que aparenta. En el extremo contrario tenemos a Zoe, que le es fiel hasta la médula y siempre le guarda las espaldas. Su amistad, cimentada en un pasado común durante la guerra, es eso: Amistad en mayúsculas. Y demuestra que sí, obviamente un hombre y una mujer heterosexuales pueden ser amigos sin caer en el interés romántico o sexual (de hecho, hay alguna broma muy simpática al respecto). Ya basta de que siempre tenga que existir tensión.

En cuanto a los demás, tenemos a Wash, el piloto de la Serenity y marido de Zoe; a Book, un cura del cual jamás conocemos su pasado, pero que no tiene demasiados reparos en coger un arma y disparar con una más que misteriosa buena puntería; a Kaylee, la mecánica de la Serenity y adorabilidad hecha persona; y a Inara, la acompañante que por negocios se traslada de planeta en planeta junto a ellos. Hagamos un inciso en este término: acompañante. En esta sociedad futura, las acompañantes son personas altamente respetadas y con todo tipo de derechos laborales, estableciéndose una más que evidente reflexión alrededor de la prostitución legalizada. Porque sí, Inara se acuesta con personas que requieren sus servicios, pero que siempre elige por sí misma. Goza de aceptación social, chequeos médicos rutinarios, libertad de elección y, en cualquier posible caso de amenaza, tiene la última palabra para incluir al cliente en la lista negra de acompañantes y bloquearlo de por vida. Personalmente, creo que es uno de los personajes más interesantes por el mensaje que envía. Y, al mismo tiempo, podemos compararlo con la dura vida que llevan las prostitutas que trabajan fuera de este sistema en los planetas periféricos.


Bye now. Have good sex!” (Kaylee)

Esta frase es el más vivo ejemplo del grado de normalización que existe alrededor de las acompañantes. Aunque influye que Kaylee aprecia a Inara de forma genuina, igual que a los restantes integrantes de la Serenity. Es quizás el único personaje que se ve que quiere a todos ellos de verdad, sin claroscuros. Whedon definió a este personaje como “el corazón de la nave”. No hay mucho más que decir.


Ya sólo nos quedan Simon y River. Simon es el hermano de River y es médico, algo que les viene muy bien. Su historia es complicada, ya que River fue una niña prodigio a quien realizaron complejos experimentos cerebrales. Su super-inteligencia nos da muy buenos momentos, como aquel en el que debate con el pastor Book sobre las incoherencias de la Biblia:

Book: What are we up to, sweetheart?
River: Fixing your Bible.
Book: What? 
River: Bible’s broken. Contradictions, false logistics... doesn’t make sense.

Estos personajes viven juntos unas cuantas aventuras, una historia de descubrimiento que sólo finalizará una vez hayas visto la película Serenity. Lo más importante es el viaje que los lleva hasta ese punto y las relaciones que van desarrollándose entre ellos. Si hay algo absolutamente innegable en Firefly es que la caracterización de todos y cada uno de los personajes es un acierto. Por ello, el potencial de la serie era inmenso, ya que podríamos haber conocido mucho más a cada persona en esa pequeña familia creada a base de convivencia, lealtad y alguna que otra bala. Pero la FOX ya la había cancelado casi antes de estrenarla e incluso emitió los capítulos desordenados mostrando una falta de respeto y confianza acojonante. Nunca los perdonaremos por ello. 

Fuck you, FOX.


domingo, 22 de febrero de 2015

La serie que no sabías que te estabas perdiendo



He tratado de dejar pasar un poco el tiempo para ganar perspectiva y no hablar desde un punto de vista demasiado fanático (por reciente). Y ni así. The Legend Of Korra tiene todo lo que una gran serie debería tener. ¿Su mayor desventaja? Que se trata de una serie de animación emitida por Nickelodeon. Ahí está el motivo por el cual muchos no habréis oído hablar de ella. Pero empecemos por el principio. 
 

La leyenda del Avatar

Esta serie es la continuación de Avatar: The Last Airbender, que ya nos presentaba este mundo ficticio y seguía la historia de Aang, un chico de 12 años que debía traer el equilibrio y la paz a un mundo plagado de conflictos. Este es básicamente el papel del Avatar en todas sus reencarnaciones (cada nuevo Avatar es una persona diferente pero, al mismo tiempo, está ligado espiritualmente a sus “vidas pasadas”), para lo cual cuenta con una capacidad única: el control de los cuatro elementos de la naturaleza; tierra, agua, fuego y aire. A pesar de que existen maestros de cada elemento y sub-elementos derivados, sólo el Avatar puede controlarlos todos e incluso entrar en una especie de fase mística poderosísima llamada “estado Avatar”.

Korra representa el siguiente eslabón de la cadena y, por tanto, su historia se rige por las mismas leyes naturales. El mundo es el mismo, aunque con una presencia mucho mayor de la tecnología y la industria como consecuencia del paso de los años, lo que sirve para explotar una cierta estética steampunk, que se suma a la ya presente estética de herencia oriental que posee la serie. No sólo el estilo visual tiene una clara influencia de la animación japonesa, sino que la construcción de la sociedad tiene mucho del modo de vida oriental. Incluso las diferentes técnicas para el control de los elementos (lo que en la serie denominan bending) están basadas en los movimientos de cuatro artes marciales distintas: Tai Chi, Hung Gar, Shaolin del Norte y Pa Kua Chang.

En oposición a la leyenda de Aang, que quizás tenía un tono más infantil por la edad del personaje, aquí nuestra protagonista está en plena adolescencia. Diecisiete añitos tiene la muchacha al principio de la serie. Tal vez por ello puede resultar tan cabezota e impulsiva de primeras, aunque también muy valiente y segura de sí misma. De las cuatro naciones que conforman el planeta, Korra pertenece a las Tribus del Agua, en donde ha vivido hasta que la conocemos en el primer episodio. Para continuar con su aprendizaje como Avatar, se muda a Ciudad República, una metrópolis inmensa que ejerce de capital y que nos traslada a un mundo eminentemente urbano y mucho más moderno que el que descubríamos con Aang. El mayor problema de Korra es que no es capaz de ser maestra de aire y vive bastante desconectada de su parte espiritual. Y esto es fundamental, ya que el Avatar es el puente que une el mundo material con el mundo de los espíritus. Sin él, el equilibrio peligra. Así que toca madurar y, para ello, The Legend Of Korra no tiene miedo de tocar todo tipo de temáticas e ir construyendo, poco a poco, a un personaje tan errático como profundo y apasionante.
 

Temas adultos en una serie para ¿niños?

Es muy discutible tratar The Legend Of Korra como una serie infantil, a pesar de haber completado sus cuatro temporadas en Nickelodeon. Sus co-creadores, DiMartino y Konietzko, parecen haberse aprovechado del crecimiento natural de su audiencia en The Last Airbender (que, aún así, ya había llegado a un público mucho más amplio y heterogéneo del esperado) para ir un pasito más allá. No me hago responsable de los posibles SPOILERS que encontréis a partir de aquí.

Si hay algo que exploran continuadamente es el concepto de poder. Tanto por parte de Korra, que debe percatarse de las responsabilidades y consecuencias que conlleva ser el Avatar, como por parte de los enemigos a los que se enfrenta. Así, cada uno de los villanos de cada temporada anhela el poder de diversas formas y con propósitos muy distintos. Son bastante evidentes los paralelismos que se trazan con algunas ideologías políticas: Amón con el comunismo, Unalaq con la teocracia, Zaheer con el anarquismo y Kuvira con el fascismo. Cabe decir que no estamos hablando de una representación abiertamente planteada, sino de detalles. Como era de esperar, tratándose de una producción estadounidense, caen con facilidad en la demonización de lo que se opone al modelo sociopolítico imperante. Por ejemplo, cuando reflejan la “anarquía” de Zaheer (él mismo usa esta palabra en una conversación), lo hacen desde el punto de vista mal entendido y extendido en la sociedad de que es una ideología basada en el caos. Sin embargo, es interesante cómo plantean que lo que está mal no son los ideales que mueven sus acciones, sino los métodos empleados y cómo las ansias de poder pueden llevar a su propia destrucción. De hecho, es Tenzin quien hace ver a Korra (en su rol como mentor) que Amón buscaba la igualdad o Zaheer la libertad, y que es necesario que también aprenda de sus adversarios. Incluso Kuvira, que está como una regadera, sirve de propósito a Korra para desarrollarse completamente como Avatar y aprender a mostrar compasión incluso hacia aquellos que no se la merecerían. Todos son antagonistas complejos y carismáticos, que suelen ir más allá de la dicotomía clásica entre el bien y el mal, lo cual aporta un grado de profundidad bastante alejado de las típicas historias de aventuras para niños.

Las grandes ciudades también destacan como centro de poder y en ellas somos testigos de intrigas políticas, disturbios y complicaciones derivadas de los métodos de gobierno o del estatus maestro-no maestro en que se divide la humanidad. Las desigualdades entre capas sociales son un hecho tangible. Sin ir más lejos, dos de los personajes principales (Mako y Bolin) crecieron como huérfanos, durmiendo en la calle y comiendo, literalmente, basura. Esto se contrapone con el modo de vida de personajes más elitistas que bien pueden representar los excesos del capitalismo y la monarquía.

A pesar de que he leído a gente algo desencantada con The Legend Of Korra porque antes habían visto la historia de Aang y encontraban el salto en el tiempo muy brusco, planteando una sociedad no tan espiritual, creo que esto permite explorar otro tipo de temas más maduros. Sin restarle méritos a Aang, que se desarrolla en un mundo en guerra y también tiene que lidiar con problemas adultos, el progreso científico en Korra choca con la tradición del Avatar en algunos aspectos. Se nos plantea una disyuntiva que, en cierta manera, se va resolviendo con el tiempo, enfatizando la búsqueda de la armonía entre el avance tecnológico y el concepto de espiritualidad. Pero no desde un punto de vista religioso, sino de respeto por la naturaleza y la cultura de sus ancestros. Es en la segunda temporada donde esta idea gana relevancia frente a una primera más centrada en los tejemanejes políticos en Ciudad República y la presentación de Korra como protagonista. Se nos cuenta por fin el origen del ciclo del Avatar en un doble episodio magnífico, tanto por el nivel de preciosismo del universo que presentan, como por sus personajes. El estilo de animación y la fuerte tradición oriental recuerdan al trabajo de un genio del calibre de Hayao Miyazaki. No es ningún secreto la admiración que le profesan DiMartino y Konietzko. La proyección de esa influencia es ineludible.

Con semejante capacidad argumental, The Legend Of Korra sirve también de vehículo para temas más filosóficos, como el espiritualismo ya comentado, el naturalismo o la ética. Interesante también cómo de una pequeña perturbación inicial pueden derivarse consecuencias cuasi-catastróficas (¿os suena el efecto mariposa?). Kuvira nunca habría arrasado medio mundo en sus derivas imperialistas si a su vez Korra no hubiese desaparecido tras ser torturada por Zaheer, que tampoco hubiese escapado de prisión sin sus poderes como maestro del aire, que le fueron dados cuando Korra decidió mantener abiertos los portales al mundo espiritual porque las tensiones y el desequilibrio en el físico estaban empezando a irse de madre. Todo esto nos lleva a la primera temporada e incluso más allá, si empezamos a tirar del hilo del Avatar en sus vidas pasadas. En medio de un sistema tan imprevisible y con tantas fuerzas colisionando entre sí, Korra representa el punto de equilibrio.


Género e identidad

Aunque Korra tiene un protagonismo obvio, la serie no deja de ser bastante coral. Y dentro de esta coralidad, es relevante el alto porcentaje de representación femenina. Cuando hablo de representación me refiero al abanico completo: madres, hijas, en puestos de poder o sin él, jóvenes, ancianas, más impetuosas o más reflexivas, en pareja o solteras, con un físico o con otro... No hay un sólo modelo que represente la “feminidad” como tal y esto es muy importante, ya que se contrapone al estándar de muchas historias de aventuras en donde la mujer ejerce de acompañante del hombre, normalmente siguiendo un estereotipo bastante marcado en lo físico, y sirve de “premio final” al héroe protagonista (ya sabéis, el prota vence al malo y consigue a la chica atractiva). Pero The Legend Of Korra no casa con esta idea y quiere que todos los personajes representen algo sin estar definidos por su sexo o género.

Centrándonos ya en Korra, estamos ante una heroína con todas las letras. Es tenaz, independiente y decidida, tanto que en los primeros compases de la serie toma decisiones algo precipitadas y egoístas. Además, lejos de la hipersexualización en la que caen los creadores de algunas protagonistas de acción (en el mundo del videojuego hay miles de ejemplos), la apariencia de Korra viene dictada por la simple lógica. Viste ropa cómoda para tener movilidad en la lucha y su tono muscular es el que cabe esperar de una persona con alta preparación física. No se le da ningún tipo de importancia a su aspecto, tanto sus adversarios como sus compañeros la respetan en igualdad de condiciones, no hay interacciones desafortunadamente sexistas... Y así podría seguir.

Psicológicamente, la evolución de Korra atraviesa diferentes fases. El final de la tercera temporada es desolador, con nuestra protagonista sumida en una especie de depresión sin visos de mejora. Este punto es clave para el viaje final que la llevará a reencontrarse consigo misma, a ahondar en su propia identidad, en sus obligaciones y limitaciones como Avatar, a analizar sus relaciones personales... Del dolor y las dificultades Korra emerge más adulta y más sabia, más generosa y más fuerte que nunca.

Pero dejo para el final el aspecto más revolucionario de todos. Y es que, amigos, Korra es bisexual. Su primer interés amoroso es Mako, un chico que al principio no le presta demasiada atención y que inicia una relación con otra chica llamada Asami. Esto no es que le haga mucha gracia a Korra, pero algo que me fascina es la relación de no rivalidad que se da entre las dos. Ver algo alejado del cliché sexista de dos mujeres tirándose de los pelos por un mismo hombre, también es revolucionario. Una vez se conocen, su relación va creciendo en intimidad con el paso de las temporadas. Asami es una persona inteligente, con grandes habilidades en el combate cuerpo a cuerpo (porque no es maestra, ojo) y que, a mi parecer, es la más sensata del “equipo Avatar” que suele acompañar a Korra en sus aventuras. El noviazgo entre Mako y Korra es importante para ambos, aunque finalmente se dan cuenta de que no funcionan como pareja y sí como amigos. Entramos en lo triplemente revolucionario: no necesariamente la protagonista tiene que terminar con el hombre que aparece desde el minuto uno. DiMartino y Konietzko van plantando pistas, flirteos, momentos cada vez más emocionales (Nickelodeon no se oponía a la bisexualidad, pero tampoco permitía que se mostrase explícitamente), hasta que en la escena final se hace evidente: Asami y Korra están enamoradas. Aunque la evolución hasta ese punto es bastante obvia y orgánica, los propios creadores tuvieron que salir al paso para confirmarlo ante la negación de una parte de la audiencia. Sí, la gente bisexual existe. ¡Qué locura! ¡Korra y Asami son bisexuales! Se trata de la primera pareja entre dos mujeres en una serie orientada al público infantil (al menos, que se muestre oficialmente y sin contar anime).

Habría mucho más que analizar: La música, la construcción de los personajes secundarios, los puntazos cómicos, el nivel de originalidad y espectacularidad de las peleas, su universo mitológico... Pero quedémonos con esto. The Legend Of Korra ya es historia de la televisión.



Sheldon Cooper no padece síndrome de Asperger, ¿o sí?


Oficialmente no. El creador de The Big Bang Theory, Chuck Lorre, se ha encargado de dejarlo claro en unas cuantas ocasiones. Pero si analizamos su comportamiento, es bastante evidente que presenta una cierta sintomatología que se podría encuadrar dentro del espectro autista y que es, específicamente, muy descriptiva para lo que se conoce como síndrome de Asperger.

Las características más obvias al respecto se observan en situaciones de interacción social. Es altamente inusual que Sheldon muestre signos de empatía hacia otras personas (volveré sobre esto un poco más adelante), lo que lo conduce a una escasa sensibilidad emocional con los sentimientos ajenos, limita sus relaciones interpersonales e implica problemas comunicativos. Si sois de los que seguís la serie, todos tendréis en mente esa escena en la que Leonard escribe “Sarcasm” en un folio para hacer saber a Sheldon que no se tiene que tomar determinadas expresiones al pie de la letra porque son solamente bromas. La literalidad en el uso del lenguaje es otro de los comportamientos más comunes del Asperger, de ahí que no entienda los matices, ni la ironía, ni los dobles sentidos. En realidad, todo lo que se refiere a la dificultad para seguir determinadas convenciones sociales es una constante en el comportamiento de Sheldon. Es brutalmente sincero (lo que no implica maldad, sino falta de comprensión en cuanto a los estándares de comunicación) y tampoco muestra atención por temas que impliquen algún tipo de relación o interés social.

Sheldon prefiere la soledad y el desarrollo de temas que verdaderamente le apasionen, tan divergentes como trenes, banderas, superhéroes o la Teoría de Cuerdas en el campo de la física teórica. No es para menos con un cociente intelectual de 187. Y aquí hay que hacer una puntualización, ya que existe una especie de mito urbano que correlaciona el síndrome de Asperger con la superdotación intelectual. Es completamente falso. Hasta el momento no se ha encontrado ninguna prueba al respecto y se considera que los pacientes con síndrome de Asperger se encuentran, por norma general, en un intervalo de inteligencia normal. Lo que ocurre es que, debido a la elevada atención que invierten en temas muy específicos, pueden llegar a desarrollar competencias asombrosas en algunas áreas de conocimiento. Es decir, el interés por algo en concreto hace que se focalicen intensamente en ello y acumulen la mayor cantidad de información posible al respecto. El propio Sheldon ha mencionado en la serie que posee memoria eidética, esto es, fotográfica; lo que sin duda redunda en una mayor facilidad para llevar a cabo esta conducta. En resumen, ni una persona con Asperger tiene que ser necesariamente inteligentísima, ni una persona inteligentísima tiene por qué presentar un trastorno de conducta que afecte a sus habilidades sociales, como popularmente se cree a veces.

A todo esto podemos seguir sumando detalles como la falta de destreza motora,  hiperformalidad en el lenguaje, tendencia a la conducta egocéntrica... Nuestro protagonista también posee un pensamiento muy lógico y apegado de forma extrema a la realidad, lo que impide que sea incapaz, por ejemplo, de contar pequeñas mentiras,  guardar secretos o fingir emociones. Así como la repetición compulsiva de actos y rutinas diarias que le generan seguridad y sobre las que no admite ni la más mínima variación (incluso ha hecho firmar a Leonard un contrato como compañero de piso que lo protege ante posibles cambios imprevistos). Cierto es que el síndrome de Asperger se define por un conjunto de síntomas de diferente grado y variabilidad en función de cada persona, pero todas las características citadas (y que, en gran parte, hacen de Sheldon el personaje que conocemos) definen el cuadro clínico de dicho trastorno. Así que igual eso de decir que tiene “sheldonitis” suena un poco a chiste, Lorre.

Dicho esto, tal vez oficializar el síndrome en Sheldon no fuese una opción del todo acertada. Ya hemos dicho que lo han negado por activa y por pasiva, y es que es obvio que caracterizarlo de esta manera restringiría mucho los comportamientos del personaje y podría llevar a ciertas controversias y malentendidos si no se hace una representación adecuada del trastorno. Especialmente si tenemos en cuenta que la evolución de Sheldon (sobre todo en las últimas temporadas) se ha ido alejando del Asperger y que cada vez es capaz de mostrar mayor empatía y afecto (va y viene por momentos) e, incluso, realizar bromas en un tono más sarcástico, lo cual rompería con el diagnóstico.

Mi teoría es que, tomando como punto de partida este trastorno, han elegido varios de los rasgos que más jugo les podían dar a la hora de explotar la comicidad de ciertas situaciones. Tampoco es seguro que hayan querido hacerlo conscientemente, pero el número de evidencias es abrumador. Sin embargo, caeríamos en un error si tomásemos como ejemplo paradigmático a Sheldon Cooper y siempre generalizásemos su personalidad a la realidad del Asperger, ya que en ocasiones se despega de sus características más elementales. Lo que está claro es que The Big Bang Theory es una sit-com bastante típica, que se basa en estereotipos muy marcados a nivel de caracterización. Que extraoficialmente Sheldon Cooper se pueda incluir en este cuadro clínico es interesante, sobre todo porque la reacción de la audiencia es muy positiva y esto contribuye a una mayor visibilización. No sabemos si el personaje realmente está concebido de esta manera, pero a la hora de afirmarlo o negarlo convendría tener en cuenta estas consideraciones.

sábado, 24 de enero de 2015

Buffy Cazavampiros: Guía definitiva para escépticos (Parte 4)


En este camino por defender la importancia de Buffy Cazavampiros como serie, ya he hablado de sus personajes, la profundidad de su universo y la gran variedad de géneros y argumentos que logra fusionar con éxito. Para acabar voy a tratar de resumir la principal simbología de la serie, la relevancia de Buffy como personaje femenino fuerte y no estereotipado y varias de las temáticas más interesantes que se tocan en algún momento de la historia. 


Parte 4: Los símbolos y los temas trascendentales

En una pequeña entrevista que leía no hace mucho a Sarah Michelle Gellar, la actriz se quejaba de que a veces la industria lo ponía muy complicado porque no era fácil optar a personajes femeninos interesantes y complejos, y sí al papel de típica rubia tonta que parece más un accesorio que una parte de la trama. Supongo que esta reflexión se hace mayor en ella tras haber podido interpretar a un icono feminista televisivo como Buffy. La serie en sí es un símbolo feminista por la representación que hace de la mujer, siempre en igualdad con los personajes masculinos, siempre con personalidades fuertes y desarrollos atractivos que van más allá de los estereotipos.

“No te olvides de que se supone que eres una niñita inocente como las demás” (Willow)

Esta especie de “consejo” que en un momento le da Willow durante clase de gimnasia es más una broma que otra cosa debido a las habilidades de Buffy y a su contraposición con la imagen de chica popular e inofensiva que varios de sus compañeros parecen tener de ella. Una época en la que Buffy todavía es una adolescente de instituto y se supone que no debería poseer una fuerza sobre-humana con la que podría arrancarte la cabeza si quisiese. Pero cuando uno de los chicos intenta sobrepasarse con ella, de inmediato responde con una llave, dejándolo dolorido en el suelo. En este caso, el mensaje está claro. El empoderamiento que hace de la mujer frente al machismo y problemas como el acoso o la violencia sexual convierte a Buffy en un gran modelo de conducta adolescente. Nunca se deja amilanar y, si siente que la estás tratando de forma amenazante o propasándote, te planta un puñetazo en plena cara para dejarte K.O. Es, por usar un término muy del slang americano, una auténtica badass.


En este camino de autodeterminación, Buffy siempre toma sus propias decisiones y actúa por iniciativa, nunca siguiendo directrices ajenas. “Soy La Cazadora y no obedezco órdenes” es una frase no sé si literal, pero casi. En este sentido, siempre se reafirma a sí misma como individuo (aunque atada a sus responsabilidades de Cazadora), especialmente cuando se tiene que enfrentar a colectivos demasiado ortodoxos (El Consejo de Vigilantes o la Iniciativa militar son dos buenos ejemplos) que pretenden imponerle una serie de normas de conducta. Aunque sí acepta ayuda y consejos, siempre son de parte de la gente que más quiere, sus amigos, familia...; que son los que, en última instancia, siempre están ahí y luchan a su lado. Desde luego que se equivoca y toma decisiones erróneas, pero lo importante es que aprende de ellas.

También en la lucha contra el mal la serie está cargada de símbolos. Muchos de los villanos a los que se enfrentan son metáforas más o menos explícitas de los miedos o las inseguridades de los personajes. El triunfo final suele representar su superación, de manera que se nos va mostrando una maduración progresiva.

Indagando aún más, factores como la magia han servido para tratar temas como la adicción a las drogas o la homosexualidad (bastante obvios si veis la historia). De hecho, la sexualidad está presente a lo largo de toda la serie y también es fuente de conflictos, sobre todo en Buffy y la relación que traza con algunos de sus teóricos antagonistas. La pulsión hacia la muerte se entrelaza aquí con el sexo, el Eros y el Thanatos, la luz y la oscuridad; una batalla básica en el universo de la serie que, en realidad, no es tal batalla ya que demuestra la existencia de un continuo entre ambos extremos que se entrecruzan y retroalimentan. “Fool for Love” (5x07) o “Intervention” (5x18) son capítulos fundamentales que ahondan en esta mitología.

Se sigue también, como es obvio, el camino del héroe clásico, aquí encarnado en Buffy. En esta historia el mito de la Cazadora tiene orígenes primigenios y está ligado inevitablemente a conceptos como la soledad, el aislamiento o la pérdida. Paradójicamente, Buffy lucha contra las fuerzas oscuras pero, al mismo tiempo, se siente obligada a aceptar su lado oscuro y todas las contradicciones que esto conlleva.

La cantidad de temas trascendentales es tal que en Estados Unidos hay toda una corriente de estudios universitarios denominada “Buffy Studies” para analizar los múltiples aspectos de género, filosofía, religión o mitología que pueblan la historia. Poder, redención, sacrificio, responsabilidades, venganza... Y algo que me fascina, que es la representación de la muerte.

Creo que todavía no he visto un tratamiento tan acertado y profundo de la muerte como el que nos presentan en “The Body” (5x16), uno de los mejores episodios, con todo el proceso de aceptación que comporta y las distintas etapas del duelo. Un trabajo espectacular de silencios (se grabó sin ninguna música) y actuaciones. La única serie que he visto a un nivel similar tratando esta temática es A Dos Metros Bajo Tierra. Ya he dicho que en Buffy Cazavampiros la presencia de la muerte es central; y es que, probablemente, fue una de las primeras series que se atrevió a matar a personajes principales de forma tan dolorosa y realista. Lo relevante es cómo todas, por crueles que resulten para los espectadores, tienen un sentido argumental; es decir, la muerte de determinados personajes funciona como una especie de gatillo que dispara algunas tramas de gran importancia. Los que quedan vivos tienen que lidiar con las consecuencias y aquí vuelvo a destacar el término evolución. Porque, en definitiva, la muerte es parte de la vida (y si además tienes que doler muertes con sus respectivas  resurrecciones, eso ya es otro nivel).


Conclusión: Buffy como tragedia

Hay algo que queda claro, que Buffy afronta un destino, es “La Elegida”. Tiene que luchar contra monstruos, vampiros y hasta dioses, pero siempre sale airosa. Psicológicamente la huella que deja cada obstáculo superado, cada peligro, cada lucha contra sus propios demonios y los del infierno físico; es de un desgaste terrible. En última instancia, Buffy es un personaje trágico e incomprendido que se siente atraído, por la propia naturaleza de su empresa, hacia la muerte y la destrucción.

Sin embargo, al contrario que anteriores Cazadoras, Buffy reivindica el apoyo de sus amigos y aliados. Quiere ser humana y, en muchos sentidos, “normal”; por lo que en ella se libra toda una lucha interna al respecto. El asumir su papel de salvadora es más complejo de lo que parece y acarrea constantes sufrimientos. Esto se puede ver en el poco reconocimiento que recibe a pesar de su esfuerzo. Debería ser una super-heroína en la sociedad en la que vive; pero, quitando su círculo más inmediato, pocas personas se lo hacen saber. De hecho, Buffy jamás busca este reconocimiento; es conocedora de su destino trágico y, durante el transcurso de la serie, va entendiendo cada vez más que su lugar son las sombras y no los focos.



En la historia son muchos los personajes de un trasfondo psicológico marcado por el dolor y la desgracia. Spike y Angel, dos vampiros difíciles y tortuosos, cada uno a su manera. O Faith y Willow, con trayectorias tan fatídicas como redentoras. Pero, como en el mito griego, es el protagonista quien lleva el peso de la carga trágica, el héroe que está por encima de lo humano. En este caso, Buffy es una heroína épica que lucha constantemente contra su destino, contra lo imposible.

Con este bagaje, el aumento de oscuridad (ojo, de oscuridad bien tratada) y de significación en Buffy va a más conforme avanzan las temporadas. Vemos a una protagonista cansada y marcada por el sufrimiento (paralelamente a la fatiga de su actriz, que sentía que ya era hora de tomarse un descanso) y a otros personajes cada vez más llenos de ambivalencia y complejidad, envueltos en múltiples capas de lectura.

Y sí, también hay lugar para la esperanza. Pero la penetración psicológica, la valentía de sus personajes enfrentándose a la adversidad inevitable, la heroicidad casi suicida, la pelea contra los demonios cotidianos (de forma metafórica y literal) y la asunción de la muerte y la pérdida como parte de la existencia, la convierten en una tragedia de libro. Buffy Cazavampiros ha estudiado como pocas series las limitaciones de la condición humana, los recovecos y miedos subyacentes en cada individuo y la lucha contra los elementos establecidos.

“Lo más difícil de este mundo... es vivir en él”.

Palabra de Cazadora.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

The Newsroom: La serie que gusta a los periodistas


Sí, lo he dicho. Aunque soy consciente de que es una generalización peligrosa. Pero la gente que más he visto encumbrar a The Newsroom suele ser periodista, los comentarios típicos de “yo soy periodista y me encanta esta serie” se repiten a poco que navegues un poco por internet. Tiene su lógica, porque es una historia que idealiza la profesión y recuerda cómo se deben hacer las cosas desde un punto de vista informativo y ético (al menos a nivel gran corporación norteamericana, pero ya volveremos a esto) y eso es algo que no abunda mucho en los medios de comunicación actuales. Así que aferrarse a The Newsroom como ejemplo más o menos modélico tira mucho.

Sin embargo, guste o no a sus fans más devotos, la serie tiene fallos y peca de un tono “evangelizador” un poco cargante. Pese a todo nunca la he terminado de ver de esa forma tan negativa que parecen haber adoptado los críticos estadounidenses. Sé que a Sorkin le tienen inquina (y puede que en ocasiones no les falte razón), pero, con todo, tiene buenos detalles y me parece un producto audiovisual digno; aunque no por ello voy a dejar de criticar sus errores. Ojo a los posibles SPOILERS, muchachos.


Pretenciosidad al servicio del idealismo

Vaya por delante que nunca en mi vida vi El Ala Oeste de la Casa Blanca ni ninguna de sus otras creaciones, así que no puedo comparar de primera mano. Pero, por lo que he leído, parece que a Sorkin le gusta dar ejemplo de cómo hacer bien las cosas en diversos ámbitos. En The Newsroom la idea es esa desde el principio: poner a un super-grupo de periodistas de una de las cadenas referencia a querer hacer “Las Noticias” (así a lo grande), con una cara al frente mediáticamente respetada como sería su protagonista Will McAvoy, tratando de recuperar el beneplácito del público y subsanar cada error cometido llevando por bandera el buen hacer y la ética periodística, y luchando contra las presiones económicas del grupo al que pertenecen anteponiendo su integridad al todo vale por las audiencias. En la teoría suena precioso.

Recuerdo que la primera temporada la pusieron bastante a caldo porque Sorkin lo pasaba todo por su tamiz ideológico demócrata y se encargaba de dejar a los republicanos lo peor posible (lo acusaron de falta de imparcialidad). Además, tomó como base sucesos no ficticios para revisionarlos y tratar de sentar cátedra en lo que a cobertura informativa se refiere. Claro, le cayeron por todos lados. A la crítica especializada siempre le pareció muy ventajista que cogiese hechos ya acontecidos y en donde ya se conocían los errores perpetrados por los medios, para decir “eh, habéis hecho todo esto mal”. Humildemente, yo no veo dónde está el problema en hacer este tipo de crítica. Para mí el mayor defecto de The Newsroom no es este, sino ese halo de idealismo tan exageradamente intachable y pretencioso. Entiendo que a muchos periodistas les fascine, pero a mí ese concepto de periodismo mesiánico que pretende salvar el mundo me cansa. Igual por eso tengo el título criando telarañas en un cajón.

De todas formas, hablemos de lo positivo. Las noticias de última hora, las reuniones para la escaleta, el preparar el informativo a toda pastilla sin que se permitan errores, lo bien que refleja esos instantes de adrenalina, con una MacKenzie en plan “soy la jefa mayor” en la sala de control mientras da indicaciones por pinganillo y exhorta a los demás para que todo salga perfecto... Sí, en esos momentos The Newsroom se crece porque consigue un ritmo altísimo y es un subidón asistir a ello como espectadora. En capítulos donde explota todo esto se entiende el amor que genera entre los del gremio.

Sorkin no pierde oportunidad de aderezarlo todo con unos diálogos riquísimos en metáforas, rápidos, inteligentes, que contribuyen definitivamente al ritmo ágil de algunos capítulos; pero que, de nuevo, pueden ser muy cargantes si los personajes se paran a filosofar demasiado. Es como, “vale, ya sabemos que eres culto, tío, pero bájale un poco a los paralelismos con El Quijote y a las derivas intelectuales, haz el favor”. De la misma forma que cuando se dedica a ensalzar determinados aspectos del sistema estadounidense: “el mejor sistema electoral que existe”, “el mundo está observándonos”, “no somos el mejor país del mundo, pero lo fuimos” e idas de olla similares. Se lo creen mucho. ¿Habéis visto el capítulo sobre la muerte de Bin Laden? Suficiente. Claro que es típico de muchas otras series norteamericanas caer en esa defensa a ultranza del patriotismo, capitalismo y demás “bondades”; pero en una serie que aspira a ser tan pedagógica periodísticamente, no les vendría mal bajar un poco el tono. Aquí es importante traer a colación lo que ya dejé caer en el primer párrafo: Lo que se muestra en The Newsroom es un ideal muy basado en la estructura de los grandes medios de comunicación al servicio del sistema, una visión muy globalizada y tradicional del mundillo. Sorkin se olvida de las alternativas informativas a ese canal clásico y tan influenciado por los intereses político-económicos. Cabe recordar el desprecio que muestra hacia el movimiento Occupy Wall Street por no utilizar formas de organización jerarquizadas, la dependencia que tienen desde la redacción de las fuentes oficiales del gobierno y el poco cariño hacia las nuevas tecnologías que se focaliza, sobre todo, en internet. Me parece interesante que quiera denunciar el uso banal y poco fiable que se hace de ellas en la sociedad actual, pero tampoco era necesario que las demonizase como si la única y verdadera manera de informarse fuese el telediario tradicional. Hay que abrir un poco las mentes.


La sombra de la misoginia

Seguro que también lo habéis escuchado. A Aaron Sorkin lo han tachado por todos lados de misógino, de poseer escaso cariño hacia las mujeres y reflejar este pensamiento en la caracterización de sus protagonistas femeninas. Rompiendo una lanza a su favor, yo nunca he terminado de ver a las mujeres de The Newsroom construidas desde un prisma tan deliberadamente machista. MacKenzie, por ejemplo, que ejerce de productora ejecutiva en la serie, me parece un personaje de gran personalidad. Podríamos decir que incluso tiene un profundo atractivo que emana directamente de su carácter (aunque también puede ser el acento británico, que suele confundirme). No encuentro que sea dependiente de su relación con Will, sino que ambos son bastante codependientes, provocando que su dinámica amor-odio sea una de las mejores desde la primera temporada. Pero sí es cierto que en ocasiones es tratada con cierta condescendencia (al igual que las demás mujeres) y eso crispa mucho. A mí la primera.

Sobre Maggie sí habría que realizar ciertas consideraciones. Básicamente porque no se descubrió como periodista en todo su esplendor hasta esta última temporada. Anteriormente ejercía el papel de mete-patas, con una falta de confianza en sí misma desalentadora. Ya era hora de que le diesen más importancia a nivel profesional. Y si bien su relación con Jim es insípida a más no poder (seguramente porque los actores no tienen química natural), su ir y venir en la primera temporada nos dejó un gran momento cuando Maggie se puso a gritar verdades al bus que hacía el tour turístico de Sexo en Nueva York y ganó mi corazón.

Hasta aquí no saco el machete. Pero entonces, ¿cómo se explica esa subtrama sobre la cobertura de una violación en el penúltimo capítulo? ¿Cómo se puede meter la pata tan a lo bestia? El tono fue desesperantemente paternalista y ofensivo, no es de extrañar que le hayan vuelto a caer hostias. En mi opinión a Sorkin le quedó muy grande un tema tan sumamente delicado y espinoso. Aquí sí se entienden las recriminaciones por machismo y todas las polémicas y declaraciones cruzadas. Hay para dar y regalar.

De todas formas mi personaje favorito de The Newsroom siempre ha sido, es y será Sloan Sabbith, mujer badass donde las haya (y yo soy muy fan de las mujeres badass). No puedo abrazar totalmente las acusaciones de misoginia con un personaje como Sloan ahí plantado, siendo más inteligente que nadie en esa redacción, citando miles de indicadores económicos a una velocidad estratosférica (aunque yo no entienda nada de lo que dice), hostiando a ligues gilipollas por haber vulnerado su derecho a la privacidad y, en general, no permitiendo que nadie se sobrepase ni lo más mínimo con ella. Sloan sabe que es inteligente y también sabe que socialmente no encaja en muchos aspectos, que tiene ciertas dificultades en las relaciones personales y que hay quien se siente intimidado por su fuerte carácter. ¿Problema? Ninguno. De hecho te lo va a decir a la cara, es brutalmente sincera y no titubea a la hora de reconocer sus virtudes y sus defectos en voz alta. Honestamente, no sé dónde termina Sloan Sabbith y empieza Olivia Munn en mi cariño hacia su persona. Porque Olivia es una tía que se pasea por convenciones presumiendo orgullosamente de ser una nerd, que se autodefine como una friki de los videojuegos y a quien le importan bien poco los comentarios machistas que recibe al respecto. Bueno, ya paro. Pero es que Olivia es muy molonga, informaos.



Ni tan buena ni tan mala

Frente a dos posturas enfrentadas; una que coloca a Sorkin como un genio y a The Newsroom como su nueva criatura injustamente infravalorada, y otra que sólo ve fallo tras fallo de una historia únicamente pedante y sólo bien envuelta con el logo irresistible de la HBO; yo prefiero quedarme en un punto intermedio. Sí creo que The Newsroom tiene muchos agujeros y adolece de demasiados momentos en donde la moralina es agotadora, pero también opino que cuenta con capítulos muy inspirados en donde hace gala de todas las virtudes que una serie de semejante envergadura debería poseer.

Como producto de entretenimiento The Newsroom ha cumplido de sobra, si bien no ha alcanzado las elevadas expectativas que se depositaron en ella desde un comienzo. A día de hoy todavía no entendemos lo que ha querido hacer Sorkin con algunas tramas, pero otras han sido brillantes, sobre todo si disfrutas observando el trasiego de una redacción de noticias por dentro. Tampoco se entiende que Jeff Daniels tenga un Emmy en casa, por más que ese monólogo inicial nos dejase a todos con el culo torcido. Algunos personajes se han quedado a medias, mientras que otros han rayado a gran nivel. Eso sí, el final de la serie ha sido muy descafeinado. Con el argumento de la filtración de documentos la última temporada se aventuraba apasionante. Y lo fue hasta los dos últimos episodios, en donde el tema se disipó como por arte de magia y Sorkin prefirió optar por un sentimentalismo demasiado arquetípico y decepcionante. Al menos MacKenzie por fin ascendió al puesto que sus méritos merecían. Y vivieron felices y comieron perdices. Fin.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Buffy Cazavampiros: Guía definitiva para escépticos (Parte 3)


Ahora que ya dejé la presentación y análisis de personajes y universo en la Parte 1 y Parte 2, voy a desgranar un poquito los géneros y las interesantes aportaciones a nivel narrativo que incluye la serie. Porque no se puede ir por la vida así, sin saber que Buffy Cazavampiros tiene algunos de los mejores episodios de la televisión contemporánea. Es herejía. 


Parte 3: Rompiendo géneros y moldes

 
Veamos cómo explicar de qué va Buffy Cazavampiros. “Va de una chica que mata vampiros y es así muy fuerte, y tiene unos amigos que la ayudan...” Bueno, hasta aquí lógico, pero ¿cómo hacer que los demás se enganchen con semejante premisa? Una de las principales armas de esta serie es la fusión de géneros y la gran cantidad de argumentos originales que se plantean a nivel narrativo.

—¿Cómo te llamas?
—Buffy.
—No, en serio.

La comedia en Buffy es un recurso continuo, los diálogos entre personajes son rápidos, ingeniosos e inteligentes, respondiendo a la personalidad de cada uno. Willow es entrañable y, en ocasiones, se escandaliza con sus propias bromas. Spike lanza pullas continuas a toda cuanta criatura encuentra (viva o muerta). Anya es puro sarcasmo porque dice verdades incómodas, pero nunca se da cuenta de que pueden resultar incómodas. Y Buffy se aburre si mientras está pegándole puñetazos a un rival cualquiera, no puede intercambiar unas palabras con él en mitad de dicha pelea:

“No te ofendas por la pregunta que voy a hacerte. ¿Olías así de mal cuando estabas vivo? Porque si es algo que conlleva estar muerto, entonces, amigo, me callo; pero que sepas que el negocio del aseo personal comenzó mucho antes de que te convirtieras en vampiro.” (Buffy)


En realidad el humor es un medio para liberar la carga dramática que conlleva el destino de La Cazadora, el fin del mundo que se repite continuamente, la amenaza constante que los lleva a caer y a levantarse una y otra vez. Esto queda claro con frases como “¿Cuántos apocalipsis llevamos con este ya?”, pronunciada en el capítulo 100 de la serie por una Buffy Summers que no pierde oportunidad de dejar claro que es más fuerte que todas las dificultades que se le presenten. Y también mucho más divertida.

Joss Whedon añade a todo esto su cariño por los clásicos de terror, haciendo guiños a mitos como Drácula o Frankenstein entre otros; pero, al mismo tiempo, basándose en un gran número de influencias para crear a villanos tan únicos y terroríficos como “Los Caballeros” (The Gentlemen en su versión original), en una historia que a día de hoy me sigue impresionando y provocando una angustia horrible. Eso sí, no todos los monstruos envejecen igual de bien. Hay que tener en cuenta que la serie comenzó su periplo a finales de los años 90 y sin ninguna confianza por parte de la cadena, que la situó como sustituta de una de sus apuestas, por lo que el presupuesto inicial era paupérrimo y las expectativas bajas. Eso hace que el visionado de la primera temporada pueda ser duro, aunque creo que ese halo tan cutre y de serie B le da un encanto muy pulp. Animo a la gente a darle una oportunidad más allá de este “problema”, ya que la serie madura increíblemente con el paso de las temporadas gracias al éxito de audiencia. El presupuesto aumenta y los efectos especiales mejoran. Además aquí los vampiros son malvados de verdad, ya que al no tener alma carecen de brújula moral, y no brillan cuando les da el sol ni chorradas semejantes. También el camino de los personajes pasa a ser mucho más adulto con el paso de los años y ver ese aprendizaje se convierte en algo tremendamente satisfactorio.

El no ser un gran amante del género vampírico o juvenil (si es que aún sigues pensando en Buffy Cazavampiros como una serie de instituto) no debería ser una excusa para no ver esta serie. Sobre todo porque en ella podemos encontrar algunos de los mejores ejercicios narrativos de la televisión contemporánea, episodios pioneros que marcaron pautas posteriormente imitadas a nivel argumental y de estructura. Citaré el gran capítulo musical “Once More With Feeling” (6x07) como ejemplo necesario y referencia para todo (y digo todo) capítulo musical que se haya realizado desde su estreno en cualquier serie, sea de la temática que sea. No sólo es para muchos el mejor capítulo de Buffy Cazavampiros, sino que está considerado como el mejor capítulo musical de la historia de la televisión. En él se sirven de las canciones (todas interpretadas por los actores tras previa preparación y ensayos) para reflejar los sentimientos más profundos de los personajes y los cambios vitales que estaban atravesando en ese momento.

Pero ha habido muchas más tentativas experimentales por parte de Joss Whedon, sobre todo aprovechando el tirón de la serie y la libertad creativa que le dejaban. “Hush” (4x10) es un capítulo grabado casi en su totalidad sin diálogos y donde hacen aparición los ya citados Caballeros, “Normal Again” (6x17) plantea la idea independiente de que Buffy esté ingresada en un psiquiátrico y todo sea producto de su imaginación, y “Restless” (4x22)  juega enteramente con símbolos oníricos para representar los miedos de cada uno de los protagonistas. Pero hay muchas más: realidades alternativas, doppelgängers, viajes metafísicos... Porque siempre existe un demonio o un hechizo como causa que hace que cualquier posibilidad tenga todo el sentido del mundo.

Podemos seguir sumando elementos al cóctel. La acción es constante, no hay capítulo en el que no veamos una buena pelea para congratularnos con lo épica que puede llegar a ser Buffy cuando se enfrenta a sus enemigos. Hay que destacar que Sarah Michelle Gellar (la actriz protagonista) estaba tan implicada con el personaje que se empeñaba en hacer el mayor número de escenas de lucha posibles, pero la dificultad era bastante elevada, así que la gran mayoría están realizadas por especialistas. Y sí, una pelea puede ser muy entretenida, si está bien coreografiada y trufada con comentarios sarcásticos e ingeniosos, como es el caso.

Ya en la intro meten bastante caña. Si esta música compuesta por Nerf Herder no os motiva a ver el capítulo que la sigue, no sé qué más hacer con vosotros (van todas las openings seguidas en este vídeo, pero las imágenes de la primera temporada no molan una mierda, elegid otra, haced el favor):


¿Si hay romance? Sí, por supuesto. Lo hay en toda serie. Pero hay que destacar que jamás, en ningún momento, los personajes están definidos por sus relaciones amorosas. En realidad, las parejas vienen y van y las personas continúan. Cada relación responde a momentos diferentes e influye trascendentalmente en los personajes, que después sólo deben seguir adelante. Buffy es una protagonista decidida e independiente, una mujer que destaca por su fortaleza mental y física y antepone cualquiera de estas virtudes a sus intereses amorosos. Y hay rupturas y hay desamores. ¿Pero es que alguien esperaba que en una serie con un trasfondo tan trágico las parejas durasen para siempre?

Buffy Cazavampiros mezcla tantos géneros como quiere y huye de tantos convencionalismos como puede. Sus logros van desde incluir a la primera pareja lésbica estable en horario familiar hasta romper el molde del héroe masculino tradicional invirtiendo roles. Y no hay muchas heroínas que sean tan humanas y reales como Buffy, eso seguro.


En la última y cuarta parte resumo varios de los temas más relevantes y concluyo esta guía tan bonita con la que espero convenceros.